06 diciembre 2012

CONSEJOS PARA PADRES BUDISTAS

El siguiente  texto es la trascripción de una charla informal que Sangharákshita dio a padres budistas que practicaban el Dharma (el sendero budista) en el entorno del centro budista de Londres. Aunque sus comentarios están dirigidos a personas en aquel contexto (es decir padres ingleses con un compromiso serio con la práctica del Budismo) espero que personas en otras circunstancias encuentren temas de interés en sus comentarios.
                                                                                                                                                 Vayiranatha

Según los consejos del Buda a Sigalaka, una de las seis relaciones que ha de ser honrada y respetada es la de padres e hijos. Nos da la impresión de que esto era algo sobre lo que Sigalaka ya sabía alguna cosa, puesto que él adoraba las seis direcciones, en primer lugar, por deferencia a los deseos de su padre. Mucho se podría decir sobre las obligaciones de los hijos hacia sus padres. Sin embargo, aquí me centraré en las obligaciones de los padres hacia sus hijos.

Yo no soy padre, pero ciertamente he tenido la oportunidad de observar el carácter del hecho de ser padre por medio de mi comunicación con amigos y discípulos que son padres, por medio de la observación de lo que ocurre a mi alrededor y por medio de la lectura y el contacto con la media en general. Quizá en esto sea relevante eso de él que contempla, ve casi todo el juego. Sobre la base de tal experiencia como la que he tenido –aun siendo esta indirecta- me arriesgaré a ofrecer una lista de puntos que cualquier padre budista hará bien en tener en cuenta. No voy a entrar en el tema de si uno debe o no tener hijos. Es simplemente un hecho establecido que mucha gente, incluidos budistas, los tienen, y que hay por consiguiente una necesidad de considerar como desenvolverse de la mejor manera en esta importante relación.

Las observaciones que quiero hacer –muchas de las cuales son de simple sentido común- están expresadas en la forma de quince puntos, ellos son:
1. Recuerden que primeramente son budistas y después padres
2. No temas enseñar a tus hijos budismo
3. Dense cuenta de que ser padres les pone frente a dificultades
4. Forma parte de la asociación de padres y maestros
5. Habla con tus hijos
6. Restringe la televisión
7. Que sus niños lleven una dieta sana
8. Socializa a tu hijo
9. No sean posesivos
10. Enseñen a sus niños a hablar debidamente
11. Lleven a sus hijos a festividades budistas apropiadas para ellos
12. Que tus hijos conozcan a tus amigos budistas
13. Enseñen a sus hijos a respetar el medio ambiente
14. Enseñen a sus hijos a tener empatía
15. No se sientan culpable por haber cometido errores

  1. Recuerden que primeramente son budistas y después padres

Si son ustedes ambas cosas, budistas y padres, mejor piensen que son budistas que son padres, en vez de padres que son budistas. Hay una gran diferencia entre estas dos posturas. Diciendo esto, no estoy, ciertamente, animando a los budistas a que pongan a sus hijos en segundo lugar. No estoy sugiriendo que si quieres irte de retiro y tu hijo está enfermo lo dejes a merced de otra persona y te vayas. En absoluto. El budismo viene primero en el sentido de que es del budismo, de principios budistas, de donde sacas los principios para tratar de ser un padre, o una madre, budista y no tan sólo un padre, o una madre.

Los seres humanos tenemos en común el ser padres con casi todas las especies animales; ser padres no es un gran logro, casi todos los seres humanos lo son. Pero aunque es fácil hacerse padres, ser buenos padres es verdaderamente muy difícil y ser padres budistas lo es todavía más, ya que eso trae consigo aplicar, o tratar de aplicar, principios budistas a las relaciones con los hijos. Este punto subyace en todos los otros que quiero dar.

2. No temas enseñar a tus hijos budismo
Hoy en día hay gran cantidad de ideas confusas sobre que se debe enseñar a los hijos. Se dice con frecuencia que no debemos interferir en lo que piensen los demás; debemos alentar a la persona a que piense por sí misma. Los hijos no deben ser indoctrinados, sino que se debe permitir que crezcan con mentes abiertas, libres, casi en blanco. Entonces, cuando sean lo suficientemente mayores, ellos decidirán por sí mismos si quieren ser cristianos, budistas, agnósticos, musulmanes, hare krisnas o lo que a ellos más les llame.
Esa forma de pensar no es nada realista. Mientras cuidadosamente te abstienes de enseñarles a tus hijos budismo, te abstienes, tal y como lo ves, de indoctrinarlos, toda suerte de agentes van a trabajar mucho indoctrinando a tus hijos con valores muy diferentes a los tuyos, lo quieras o no. A los niños se les indoctrina constantemente: en la escuela o en la guardería, por medio de la televisión, de las películas, del ambiente general de nuestra sociedad. No pienses que si te abstienes de indoctrinar a tus hijos ellos serán completamente libres de elegir entre distintas cosas cuando alcancen uso de razón, cuando sea que eso ocurre (si de hecho se llega a alcanzar).

Por consiguiente, no temas enseñar a tus hijos budismo –o, mejor dicho, comunicarles algo del espíritu del Dharma. La sociedad, en el sentido más amplio, les va a comunicar toda suerte de mensajes, alguno de los cuales pueden definitivamente tener efectos negativos sobre ellos. Luego no te frenes en darles la influencia positiva del Dharma. No tienes que intentar enseñarles doctrinas budistas difíciles de comprender, como la ley del surgimiento condicionado. No tienes que hacerles leer A Survey of Buddhism en su tierna edad. Puedes empezar muy pronto enseñándoles libros con ilustraciones de la vida del Buda, o las historias tradicionales de las vidas previas del Buda. A todos los niños les gustan las historias, y es de esperar que la televisión no excluya completamente el contar cuentos en casa. Así podrás introducirles en el mundo de la cultura budista y darles algo del sentimiento del budismo.

Algo más que puedes hacer –algo más que debes, de hecho, hacer- es dar ejemplo. A medida que tus hijos crecen y empiezas a comunicarles tus valores –digamos, tu compromiso con el habla ética- es importante que tú mismo demuestres ese compromiso en tu forma de vida. Como todos los padres saben, los niños notan rápidamente las discrepancias. No hay que decir a tu hijo o hija que está mal decir mentiras y decirles cuando alguien llama a tu puerta “di que no estoy en casa”.

También comunicas algo del espíritu del Dharma a tus hijos a través del ambiente que prevalece en casa. Es importante que cuando los niños vuelvan de la escuela o de alguna otra actividad, sientan que el hogar es un buen sitio en que estar: quizás tranquilo, quizás animado y alegre, pero feliz y positivo, con un ambiente de afecto y seguridad. Quizás algún día se den cuenta que ese ambiente tiene algo que ver con el hecho de que eres budista y que meditas; pero independientemente de que vean o no esa conexión, sentirán el beneficio de vivir en un ámbito positivo.

3. Dense cuenta de que ser padres les pone frente a dificultades
No creo que necesiten los padres que se les recuerde que por ser padres están frente a dificultades, porque es caro criar a los hijos, o porque puede haber hijos difíciles, o porque se pasan noches en vela... Pero uno está frente a dificultades en otro sentido también –frente a dificultades con el mundo, en el sentido más amplio. Como padres budistas, ustedes tratan de educar a sus hijos en acuerdo con principios budistas. Pero esos principios están lejos de ser reconocidos por el resto del mundo. Le dices algo a tu hijo, pongamos por caso, pero el mundo le dice algo un tanto distinto, incluso lo opuesto.

Cualquier budista tiene que luchar para mantener de ese modo sus principios, pero como padres tienen que librar esa batalla por sus hijos, además de por uno mismo. La medida en que hay que proteger a los niños de influencias exteriores, particularmente cuando son muy pequeños, es un tema muy polémico; de todos modos sólo se les puede proteger en cierto grado. Pero es importante y útil reconocer que tratar de educar a los niños según principios budistas es un desafío tremendo, porque el resto del mundo –consciente o inconscientemente, intencionadamente o sin intención- tiene constantemente sobre ellos una influencia distinta, y sobre ti también.

4. Forma parte de la asociación de padres y maestros
Ahora llegamos a algo más específico. Tarde temprano tu hijo empieza a ir a la escuela. Mi cuarto punto es, por consiguiente: forma parte de la asociación de padres y maestros. No dejes a los maestros la educación de tus hijos durante las horas de escuela. Se podría casi decir que la educación es demasiado importante para dejársela a los maestros; de igual modo que se dice a veces que la política es demasiado importante para dejársela a los políticos. Bien puede ser que los maestros estén haciendo una labor excelente, pero ellos también están frente a dificultades –ser maestro es en cierto modo igual de difícil que ser padres.

Si tienes niños en edad escolar es, por eso, buena idea conocer a los maestros. Habla con ellos sobre tus hijos, sobre los niños en la escuela en general, discute con ellos también los problemas a que ellos se ven enfrentados como maestros. Hoy en día los maestros lo pasan muy mal. Hay más y más casos de maestros atacados físicamente por estudiantes, este tipo de cosas les hace la vida verdaderamente difícil. Si formas parte de una asociación y organización de profesores y padres puedes contribuir con ideas y sugerencias para que la escuela sea mejor para todos los niños que allí van. Puede que incluso tengas la oportunidad de llegar a ser presidente y así incluso tener la gran oportunidad de influenciar en la escuela de modo creativo y positivo.

5. Habla con tus hijos
Habrá quien diga que este punto debería dirigirse más a los padres que a las madres, pero yo no voy a hacer tal distinción. Es muy importante, si son ustedes padres, que hablen con sus hijos. Conversen con ellos seriamente –no les hablen como a inferiores. Si te hacen una pregunta, tómala en serio. Si así lo haces, quizás te sorprenda lo difícil que es responderla. Incluso los niños pequeños son inteligentes y perceptivos y pueden salirte con preguntas un tanto extraordinarias a veces.

Uno de los recuerdos más felices de mi propia infancia -hacia finales de los años veinte y principio de los treinta- es mi padre pasando tiempo hablando conmigo. A las seis o las siete, él volvía del trabajo –cuando tenía trabajo, pues aquellos eran tiempos de desempleo- y venía a mi habitación. Yo estaba ya acostado, se sentaba sobre la cama y hablaba conmigo por media hora o por una hora. Mi madre a veces se impacientaba porque tenía la cena preparada y se estaba enfriando, pero a él le interesaba más hablar conmigo. Solía hablar de todo tipo de cosas, particularmente de sus experiencias del tiempo de la guerra –él fue herido de gravedad en la Primera Guerra Mundial, que hacía pocos años que había terminado. No solamente mi padre hablaba conmigo; a mi, conforme me hice mayor, siempre me resultó muy fácil hablar con él.


Luego, hablen con sus hijos. Compartan sus pensamientos serios con ellos, en la medida que sean capaces de entenderlos. Eso quiere decir encontrar tiempo para pasarlo con ellos. No estén tan ocupados que no puedan hablar con sus hijos. Incluso, reserva tiempo, si estás muy ocupado, igual que lo reservarías para ver a un amigo. Por supuesto, no es que tengas que sentarlos delante de ti y decirles “Venga, vamos a hablar un ratito”. Los tendrás que coger en el momento oportuno. No siempre tendrán ganas de hablar cuando tú tengas tiempo.

6. Restringe la televisión
Es difícil, por no decir imposible, mantener un estado mental claro y positivo –mantener la atención consciente, diría el budista- al menos que hagas algo que limite la medida en que absorbes todo el estimulante bombardeo de información de la vida moderna. Y, por supuesto, hoy en día mucho de este viene de la televisión. Hay un gran debate en marcha sobre si hay o no una conexión causal entre la violencia tal y como se ve en la televisión y la violencia en el hogar y en las calles. Algunos expertos dicen que no hay una conexión real, otros que si que la hay y a la persona corriente le es muy difícil saber la verdad del asunto.
Pero desde el punto de vista budista podemos estar seguros de una cosa: Resulte o no en violencia real, la violencia vista en televisión ciertamente no mejora el estado mental del espectador. Pasar varias horas cada semana, o incluso cada día, viendo programas cuyo contenido es en gran medida violento, sólo será en perjuicio del estado mental, ya sea uno adulto o un niño receptivo y susceptible.
Habrá quien diga que los niños tienen derechos, incluido el derecho de ver la televisión cuando les plazca. Pero como ya he mencionado en otra ocasión, pienso que es mejor no expresarse con el lenguaje de los derechos, sino, en su lugar, pensar en términos de deberes. Los padres –y los padres budistas en particular- tienen el deber de restringir lo que ven sus hijos la televisión.

La restricción no sólo ha de aplicarse a lo que ven, sino también al tiempo que pasan sentados frente al televisor. En estudios se ha demostrado que muchos niños en Occidente padecen de obesidad. Esto, en parte, es debido a dietas insanas –el tema de mi siguiente punto- pero también a que no hacen suficiente ejercicio. Y no hacen suficiente ejercicio porque, según parece, es más interesante apalancarse frente al televisor. Experimentos han mostrado que ver la televisión también perjudica a la imaginación –esencialmente, mientras uno recibe pasivamente lo que los productores de televisión deciden presentar, simplemente no tiene que hacer uso de su propia imaginación.

Restringir ver la televisión será, por supuesto, difícil. Una madre budista que conozco dice que sus hijos sentían que se les privaba de algo por no tener televisor en casa, pues les hacia sentirse diferentes a todos los demás niños en la escuela, ya que no podían participar en discusiones sobre lo que los demás habían visto la noche anterior. Al final, la madre, si bien poco dispuesta, tuvo que ceder a su continua insistencia, aunque consiguió restringir en cierta medida lo que veían la televisión. Obviamente, operan en esto cuestiones potentes. No obstante, uno ha de mantenerse firme en este asunto.
7. Que sus niños lleven una dieta sana
Este punto podría parecer obvio, pero, de nuevo, las condiciones actuales están en contra. Viviendo en la ciudad, como yo vivo, y manteniendo los ojos bien abiertos, una de las cosas que se ve es niños comiendo por la calle. Por supuesto, lo que comen normalmente es comida basura: Chocolate, helados, hamburguesas y patatas fritas. Los padres deben hacer lo que puedan para combatir esta costumbre tan corriente. No hay necesidad de seguir las últimas tendencias dietéticas o ser fanáticos, como lo éramos en los años sesenta cuando todos seguíamos la dieta macrobiótica. Pero quien cocine en la familia deberá tratar de darle una dieta equilibrada y hacer que se desista de los snacks entre comidas.
Debemos, por supuesto, procurar que nuestros hijos no fumen. Otra cosa que he notado cuando voy por la calle es que muchos niños en edad escolar fuman. Los veo cuando salen de la escuela –no tendrán más de doce o trece años- sacar el paquete de cigarrillos y encender uno. Luego, de nuevo, los padres budistas deben mantenerse firmes con sus hijos cuando estos llegan a esa edad en particular.

Esto era muy distinto cuando yo era niño. Ni siquiera se me había ocurrido fumar a esa edad, pero cuando cumplí los dieciséis años mi padre me dijo: “hijo, tienes dieciséis años. Puedes fumar si quieres.” Sin embargo, no lo hice –no hasta que fui alistado en el ejército. Incluso entonces, fumé sólo durante poco tiempo, porque no me gustaba y no he fumado desde entonces. Es desalentador ver que chicos y chicas tan jóvenes han adquirido ya el hábito de fumar. Luego, por favor, trata de que tu hijo no fume –bueno no simplemente trates, impídeselo. Ejerce tu autoridad paternal, o maternal. Sé que tal autoridad ha sido hecha trizas hoy en día, pero los lastimosos trozos que te queden de ella, ejércelos en lo que en este punto nos concierne.
8. Socializa a tu hijo
Este es un punto sobre el que quiero insistir. Tus hijos no te pertenecen a ti sólo. No son simplemente miembros de tu familia. Ellos son, o serán, miembros de la sociedad, parte de una comunidad más amplia, y han de ser educados, incluso entrenados, de modo que puedan funcionar de un modo positivo como miembros de la sociedad.

De nuevo, esto trae consigo el ejercicio de cierta disciplina. Por ejemplo, los niños deben ser educados para que respeten la propiedad ajena y para que tengan en cuenta los sentimientos de los demás. De otro modo, lo pasarán muy mal en el mundo más adelante. Puede ser que tú aguantes rabietas, mal comportamiento y conducta desconsiderada, pero el mundo no aguantará tales cosas.

Luego socializa a tus hijos. No se los impongas a los demás. Se ve a padres hacer esto. Jaimito o Mari se están portando mal y siendo muy desconsiderados con otras personas, pero los padres sonríen con indulgencia –¡Ah! es así la pequeña, o el pequeño- y los demás deben aguantarlo y pensar que son una dulzura de niños. De hecho, los demás es mucho más probable que piensen “que crío más espantoso”.

La buena educación no está de moda hoy en día, asociada como está con valores burgueses, con la educación de la clase media y todo ese tipo de cosas; la tendencia es a tirar “el bebé” de la buena educación “con el agua sucia del baño” de la moda sociológica. Pero tenemos que hacer lo que podamos para recuperar al “bebe”. Investigaciones recientes han identificado una relación definitiva entre la mala educación y la delincuencia juvenil, lo que sugiere que la parte de la socialización que consiste en inculcarles a los niños buena educación no ha de ser subestimada.
9. No sean posesivos

Por supuesto, tu hijo es tu hijo, con todo lo que eso quiere decir y eres por cierto tiempo responsable legalmente por él, o ella. Pero trata de no pensar “es mi hijo”. No desarrolles la actitud de que nadie tiene porque hablar a tu hijo ni regañarle si se está portando mal. En una comunidad sana y positiva cualquier adulto podrá regañar a cualquier niño que se esté portando mal donde sea. Desafortunadamente, en la sociedad occidental esto no es actualmente posible. En la India uno ve que ocurre esto, pero en Occidente las personas parecen resentirse de que alguien se entrometa, como ellos lo llaman, en el comportamiento de sus hijos.

Los padres budistas, obviamente, no deben tener este tipo de actitud, en parte, porque como budistas intentamos no tener apegos, o como mínimo reducir nuestros apegos, y, en parte, porque los padres budistas forman parte de la Sangha budista. 
No debe importarte que un compañero budista considere apropiado llamar la atención a tu hijo por alguna falta al buen comportamiento. Si tu hijo va al centro budista contigo y, mientras tú estás ocupado haciendo alguna cosa, él está alborotando por allí, cualquier compañero budista debe poder decir “venga, Toni, deja de hacer ruido” sin que te resientas ni te sientas ofendido.

Un aspecto muy importante de no ser posesivos es dejar que tus hijos se vayan cuando llega la hora de que dejen el nido de los padres atrás y marchen hacia el mundo exterior. Debes de haberlos educado de tal modo que puedan marcharse libremente, fácilmente, sin sentimientos de culpa y con confianza. Y tú habrás de sentirte, si bien algo triste -lo que es inevitable- bastante complacido y contento e incluso, quizás lo admitas, un tanto aliviado de ver que se van, sintiéndote además preparado para que tu relación con ellos pase a tener otras bases.

Hay un verso muy interesante sobre este tema en la obra hindú titulada Manusmriti. El verso hace referencia al padre y al hijo, pero es aplicable a la relación de padres y madres con sus hijos. Dice así: Cuando tu hijo tenga dieciséis años, deja de verlo como a un hijo y trátalo como a un amigo. Esto, por supuesto, se vuelve mucho más factible cuando el hijo deja la casa. Cuando tu hijo o hija vaya a visitarte, trata de no verlos como a los hijos que vuelven al nido buscando alguna comodidad, trata de verlos como a buenos amigos que vienen a casa para conversar.
10. Enseñen a sus niños a hablar debidamente

A veces cuando voy por ahí y oigo hablar a la gente –no sólo a los niños, sino a los adultos también- me asombra la extrema pobreza de su vocabulario. Los estándares parecen estar cayendo en lo tocante al lenguaje y a la comunicación verbal en general. Por consiguiente, es muy importante que a los niños se les anime a expandir su vocabulario y a hablar con corrección gramatical. El habla es el medio principal de comunicación entre nosotros; a no ser que lo dominemos seremos simplemente incapaces de comunicarnos más allá de un cierto nivel.

Asegúrate de que tus hijos crecen no solamente hablando, sino hablando realmente su idioma, hablando con corrección y elegancia, con atención a la gramática y al uso correcto de las palabras. No tengas miedo de corregirlos. Hay profesores que mantienen que a los niños no se les ha de corregir nunca, porque eso les socava la confianza propia, pero es una confianza propia muy débil la que puede ser socavada así. Si a uno no se le corrige, seguirá haciendo siempre errores, y esos errores se convierten en hábitos. Luego corrige a tus hijos cuando se les peguen expresiones incorrectas de amigos de la escuela y, por supuesto, cuando muestren cualquier tendencia al mal uso de la lengua.

El habla es algo tan maravilloso. Es una de las grandes creaciones de la raza humana. Debemos usarla, así como enseñar a que nuestros hijos la usen, tan completa, efectiva y bellamente como nos sea posible. Enseñar a nuestros hijos a que hablen bien les da acceso a algo que es verdaderamente muy precioso.

11. Lleven a sus hijos a festividades budistas apropiadas para ellos.

En esto es mejor ir por el camino medio; en vez de dejar siempre a tus hijos en casa cuando hay una festividad budista, o siempre llevarlos contigo: trata de saber que festividades o celebraciones son las apropiadas para ellos. No todas lo serán. Un programa que incluya mucha meditación, por ejemplo, no será apropiado para niños pequeños; no es justo esperar de ellos que se estén sentados por períodos largos de tiempo, ni siquiera más de unos minutos.
Pero a los niños les gusta participar, les gusta hacer cosas, luego si la celebración incluye una puya festiva, naturalmente tráelos; obviamente, tras consultar a quien organice la festividad. He notado que a los niños les gusta hacer ofrendas al altar: eso es algo que pueden hacer, es sencillo y poético, y a ellos les gusta. Podrían incluso preparar ellos mismos sus ofrendas antes y traérselas para ofrecerlas a su manera.
No insistan en que los niños han de participar en todo –habrá ocasiones en que no sea apropiado- pero cuando sea posible, inclúyanlos. Quizás en ocasiones pueda haber una festividad especial para niños.
12. Que tus hijos conozcan a tus amigos budistas.
Esto quizás pueda parecer obvio, pero no siempre ocurre. En cuanto a los ingleses, específicamente, hay un proverbio que dice que la casa de un inglés es su castillo, y tenemos la tendencia a no bajar el puente levadizo. Es parte del carácter inglés la tendencia a mantenerse algo separado de los demás, así como a mantener separada nuestra vida doméstica de nuestra vida social. Pero si tienes niños, es una buena idea asegurarte de que pasan tiempo con tus amigos budistas, o al menos de que tienen algo de relación con ellos. Muy frecuentemente esto ocurre con naturalidad y espontaneidad, pero puede que uno necesite hacer un esfuerzo para que ocurra.

Es importante porque, entre otras cosas, ayuda a compensar el aislamiento del núcleo familiar. En algunas partes del mundo, en la India, por ejemplo, muchos padres siguen viviendo en el contexto familiar más amplio de entre diez o quince miembros, o incluso más. Pero en Inglaterra nuestros castillos se han hecho verdaderamente pequeños. El núcleo familiar parece que se está aislando cada vez más y esto no es sano ni para ambos padres juntos, ni para cada uno de ellos por separado; ni para los niños, ni para el niño. Hay algunas familias hoy en día formadas por dos miembros: padre, o madre, y un niño -situación que limita bastante, incluso que da “claustrofobia”. Que tus hijos conozcan a tus amigos budistas ayuda a modificar la naturaleza potencialmente claustrofóbica del núcleo familiar.

El acostumbrarse desde pequeños a ver a adultos de fuera del círculo familiar inmediato, ayuda a los niños a desarrollar confianza en sí mismos, lo que es obviamente una gran ventaja. Una de las cosas que noté cuando regresé a Occidente después de estar muchos años en Asia, fue que la gente en general parecía carecer de auto-confianza. Los padres deben hacer todo lo posible para asegurarse de que sus hijos crezcan con abundante auto-confianza –no el tipo de confianza que encuentra expresión en comportamiento antisocial, sino auto-confianza de carácter positivo, incluso creativo. Para el desarrollo de la auto-confianza del niño es bueno que se acostumbre a relacionarse con adultos de fuera del círculo familiar inmediato.
13. Enseñen a sus hijos a respetar el medio ambiente.
Se ve con bastante frecuencia a los niños tirar despreocupadamente el envoltorio de las golosinas y otras cosas por la calle, sin consciencia de lo que están haciendo, parece ser, o quizás simplemente por estar acostumbrados a pensar que alguien va detrás de ellos limpiando, que no es su responsabilidad mantener las calles sin basura. Esto es, por supuesto, sintomático de una actitud que en potencia tiene consecuencias de gran alcance para el medio ambiente.
Aun en tiempos del planeta que eran más verdes, en la época del Buda, el medio ambiente le importaba mucho al budista practicante y el Buda mismo dejó bastante dicho sobre esto. El padre o la madre budista deseará educar a sus hijos de modo que cuiden y respeten el medio ambiente, que es al fin y al cabo “su” medio ambiente. Conforme se hagan más mayores, los padres podrán debatir con ellos asuntos medioambientales -además de otros asuntos, por supuesto, pero los asuntos medioambientales tienen una aplicación práctica inmediata.
14. Enseñen a sus hijos a tener empatía.
Esto es verdaderamente importante. En estos últimos años ha habido mucha discusión en Inglaterra sobre el doloroso caso de James Bulger, un niño pequeño asesinado por dos chiquillos. En un debate radiofónico después del juicio, alguien dijo que la razón por la que los dos muchachos habían cometido el terrible crimen era que no habían sido educados en el conocimiento de la diferencia entre el bien y el mal. Pero una psicóloga que participaba en el debate no estaba de acuerdo y señaló que los dos muchachos habían sido declarados culpables de asesinato –en otras palabras, había sido establecido que ellos conocían la diferencia entre el bien y el mal. Y continuó mencionando un punto de gran importancia: que no es suficiente conocer la diferencia entre el bien y el mal, uno también ha de ser capaz de tener empatía por los demás, por los otros seres vivos. Sin empatía, el reconocimiento de la diferencia entre el bien y el mal será puramente conceptual y abstracto, y no influirá necesariamente en el comportamiento.
Claro está que no se pueden dar clases de empatía. No se la puede incluir en el plan de estudios de la escuela. En esto también cuenta el ejemplo de los padres. Los niños pueden ser enseñados a tener empatía por las personas y por los animales también, enseñados a darse cuenta de que los animales sienten dolor igual que ellos mismos. 
Hay un episodio en el Canon Palí en el que el Buda se encuentra con unos muchachos que atormentan a un cuervo y les dice “si fuerais atormentados de ese modo ¿Cómo os sentiríais? Por supuesto ellos le responden que no les gustaría y el Buda les dice “sentiríais dolor si se os tratara así ¿No pensáis que el cuervo también lo siente? Los muchachos tienen que admitir que sí que lo siente. Dicho de otro modo, empiezan a tener empatía por el cuervo.

En la famosa serie de grabados de Hogarth llamada Las cuatro fases de la crueldad, el primer grabado representa a unos muchachos atormentando a un perro y a un gato. En el siguiente uno de los muchachos comete un asesinato. En el tercero el muchacho que ha cometido el asesinato es ahorcado. Y en el cuarto, su cuerpo está siendo diseccionado por unos cirujanos. Hogarth parece decir que la vida violenta que termina con la violencia infligida al ahorcado, comienza por atormentar a animales, por carecer de empatía por otros seres vivientes.
Hay personas tan sensibles que sienten empatía incluso por las plantas y no quieren coger flores porque sienten que la planta es herida en alguna forma. No todo el mundo puede tener empatía en tal grado, pero como mínimo debemos tener empatía por los animales y por los demás seres humanos. Esta es una de las cosas más importantes que podemos enseñar a nuestros hijos.
15. No se sientan culpable por haber cometido errores.
Ser padres no es fácil. Aunque no soy padre, lo sé muy bien porque a veces los padres se sinceran conmigo y yo mantengo los ojos y los oídos abiertos. Es muy difícil ser padres, ya sea madre o padre. Es más difícil ahora que antes, al menos en cierto sentido. Hay tantas variables, tantas decisiones que tienes que tomar sin poder saber todos los factores relevantes. Y las cosas te pueden salir mal a pesas de tus buenas intenciones.
Aparte de esto, los niños son individuos, traen consigo su propio karma. Puede que eduques a tu hijo o hija magníficamente y que te salga un monstruo; puede que los eduques muy mal y que te salgan muy buenos. Yo he visto esto porque he vivido ya lo suficiente para poder ver el karma descender de una generación a la siguiente. Por ejemplo, he visto niños educados muy mal que ahora son buenos padres.
Luego hemos de tener en cuenta el karma. Aparte de los cromosomas, no sabes que karma trae consigo mismo tu hijo. Las cosas pueden salir de modo muy distinto al que tú esperas. Además, aparte de esto, tú eres un ser humano falible. No eres omnisciente. Quizás no debas decírselo a tus hijos demasiado pronto, pero los padres no lo saben todo y pueden cometer errores.
Si has hecho por tus hijos lo mejor que has podido realmente y en cada fase has tomado la decisión que pensaste que era la mejor, si las cosas parecen haber salido mal, aprende de ello pero no te culpes demasiado. No te sientas culpable. Si más adelante en la vida tu hijo hace algo espantoso no te atormentes por eso. No pienses que si tu no hubieras hecho eso o aquello, las cosas habrían salido de distinto modo. No lo sabes. No puedes averiguarlo. Tienes que hacer lo mejor que puedas en el presente, aquí y ahora. 
El resto es karma, azar, circunstancias, la sociedad. Luego no te sientas culpable si resulta que has cometido errores. Y ni siquiera te muestres demasiado dispuesto a pensar que lo que ha ocurrido es debido a tus errores. Puede ser que no lo sea. No lo sabes. Pero de un modo u otro no te culpes. Hiciste lo mejor que pudiste entonces. Eso debe bastarte a ti y a los demás.
 Algunos padres sienten que han de pedir disculpas a sus hijos por la forma en que los educaron. Si hiciste algo definitiva e indudablemente malo que claramente ha causado sufrimiento a tu hijo, en ese caso, de acuerdo, pídele disculpas cuando sea lo suficientemente mayor para comprender. Pero, a parte de eso, ten presente que una vez que tus hijos han alcanzado el uso de razón, son responsables de sus vidas. Si algo sale mal, o si tu hijo o hija hace algo malo, que no te culpen ellos a ti. Tus hijos son responsable de ellos mismos, igual que tu lo eres de ti mismo. Tú eres responsable de ellos sólo en cierta medida y por un período de tiempo limitado.
Estas son tan sólo algunas cosas que han de considerarse sobre la relación entre padres e hijos desde un punto de vista budista. Se ha de sobrentender, así lo espero, que todas estas reflexiones tienen que ser comprendidas como parte de una comprensión general según la cual como padres budistas ustedes se relacionan con sus hijos con amor y afecto, y todo lo que traten de hacer –incluidas las ocasiones en que necesiten hacer uso de la disciplina- lo harán con ese espíritu de amor.
BUDISMO PARA PADRES
Del budismo se pueden obtener técnicas de relajación y consejos sabios que se aplican muy bien a la paternidad.
Entre el estrés de la vida actual y el desorden dentro de casa, se puede perder la paciencia. ¿Cómo recuperar el control? El budismo ofrece consejos y soluciones a los padres.
Meditación
Budismo para niñlos y adolescentes Te va a salvar la vida. Como el ejercicio, cuesta trabajo al principio, pero te sentirán increíble después. El punto de la meditación es despejar la mente de todo el tráfico de pensamientos que existe 24/7. Es difícil, sí. Cuando tratas de “no pensar”, siempre hay algo que brota e insiste. Pero con un poco de práctica te darás cuenta que es hermoso y relajante tener la mente tranquila y optimista, aun en medio de gente insoportable.
  Compasión
 No debe confundirse con lástima: la compasión es abrir el corazón al sufrimiento de los demás. ¿Recuerdas, antes de tener bebés, la molestia al oír el llanto de un bebé en un restaurante o un cine? Puedes ver que ahora se han cambiado los papeles y quien tiene ese bebé en brazos eres tú. Así es la vida: el que sufre hoy, podrías ser tú mañana. Así que puedes tener un poco más de empatía por el bebé que llora, o el padre que ha probado de todo para tranquilizar a su niño.
Apego
 Ser desapegado no significa que “no te importa”. Simplemente es dar más libertad a las personas, cosas y situaciones. Ser desapegado significa dar a tus hijos la libertad de ser quienes quieran ser, in importar el hecho de que tú ves y entiendes las cosas de manera diferente. Todos hemos tenido un tío o primo que cree que puede vivir tu vida mejor que tú; por piedad, no te conviertas en ese pariente.
  Iluminación
 Es fácil: nunca la obtendrás. El ser humano es un ser imperfecto. ¿Te has puesto a pensar sobre todas las cosas que has hecho que pudieron salirte mejor, o de otras que fueron simplemente equivocaciones? Eso no significa que no las hayas disfrutado o hayas aprendido de ellas. Mejor reírse de nuestros errores y equivocaciones.

 
En cuanto a tus hijos, cuando son pequeños te verán como un ser todopoderoso y perfecto, pero conforme crezcan esta idea irá cambiando. Mejor es que tú mismo abraces y seas feliz con tus imperfecciones para la edad en que tus hijos sean unos adolescentes. Además, los seres incompletos e imperfectos son los más maravillosos por su complejidad.


Consejos para hijos budistas con padres catolicos…
Cuando comenzamos a explorar y descubrir el budismo, muchas preguntas llenan nuestra cabeza. Para quien nace en casa católica, parecería que es una de las filosofías más extrañas y revolucionarias del mundo.
 ¿Cómo es posible que se pueda ser feliz con poco?  ¿El budismo no genera culpa?  ¿No te enseña que el sufrimiento es bueno para ganar el cielo? ¿Libertad e igualdad de géneros?
 Con la investigación y práctica, estas cuestiones van encontrado respuesta. Poco a poco el practicante va adaptado la filosofía a su vida hasta que un día puede decir: soy budista. El proceso puede durar muchos años, por supuesto. Y es que el budismo es algo antagónico al catolicismo, que un choque cultural sucede constantemente. Hay que sortear muchos obstáculos ideológicos y usar la razón para avanzar.
 A pesar de que esta revolución del pensamiento es un proceso personal, no es un viaje solitario. Tenemos a la familia y los amigos acompañándonos en el trayecto; mismos que se opondrán y tendrán opiniones al respecto.
 Pero hablando exclusivamente de los padres, surgen las preguntas clásicas: ¿Cómo les digo? ¿Cómo hacerles entender que el catolicismo no me llena? ¿Cómo evitar conflictos y que no se sientan traicionados?
 Si nuestros padres son anticuados y no aceptan ideas nuevas con facilidad, explicar nuestra inclinación hacia el dharma puede ser un proceso de años.
 Hacer entender a los padres con palabras es posible, pero no hay nada como nuestros actos y nuestra felicidad para que se percaten que el cambio de filosofía es bueno.
 Después de haber dicho todo esto, comparto unos consejos que pueden ayudar a suavizar las fricciones entre padres católicos e hijos budistas.
 1. Conoce el dharma
 Algunos padres católicos adoran acorralar a los hijos hasta dejarlos sin argumentos. En este punto es donde se generan más fricciones porque estos intercambios de razones pueden ser hirientes, resultando en que el hijo budista se rinda.  Cuando estudiamos con dedicación y practicamos diariamente, el dharma se vuelve parte de nuestra mentalidad. El conocimiento y la experimentación son acciones constantes que nos definen como budistas.
 Si conocemos el dharma, será mucho más fácil explicar las razones filosóficas a cualquiera que nos pregunte. Y como resultado colateral, comprenderemos mucho más.
 2. Vive por el dharma
 Estudiar, leer muchos libros y saber páginas de Internet de memoria, es bueno. Pero todo ese conocimiento no sirve de nada si no se pone en práctica.  Estudia y lee. Pero nunca dejes de meditar y de ser generoso con todo el mundo.  Estas acciones reditúan en un cambio de conducta que la gente puede notar. El habla se vuelve más suave, la calma y las sonrisas vienen de tiempo completo.  Y esto es lo que los padres verán casi de inmediato.
 3.  No evangelices
 Nunca, nunca, nunca debes intentar cambiar a las personas. Si el Buddhadharma te funciona a ti, felicidades. Pero eso no significa que debas convertir a todos los que te rodean.
 Limítate a practicar para ti. Si alguien te pregunta sobre budismo, da tu mejor respuesta. Pero hasta ahí.
 El camino budista es personal y cada quien debe llegar a él cuando sienta suficiente curiosidad.
 4. Escucha sin resistencia
 Cuando estés en medio de una avalancha de preguntas y argumentos de tus padres, no pierdas la cabeza. Escucha sin oponer resistencia.
 Toma en cuenta que  verán tu cambio de filosofía como una ofensa a sus propios valores, así que conserva la calma. Los primeros días de cuestionamientos son los más duros.
 Pon atención a sus palabras, pero también a su lenguaje corporal. Entiéndelos, pero dales elementos inteligentes para que comprendan. Es decir, sé amable y comparte lo que sepas con las palabras más sencillas.
 Jamás hables mal del catolicismo u otras filosofías teístas.
 5. Medita
 Sentarse a meditar es la médula del budismo. No lo pierdas. Entre más medites tu mente comprenderá mejor el dharma y estarás más tranquilo para tu práctica.

FUENTES:
Kyonin para:  http://chocobuda.com/2012/06/25/padres-catolicos-hijos-budista/
Traducción: Shakyavamsa-© Sangharákshita © de la traducción Librosbudistas.com
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01 diciembre 2012

LA CORRECTA EJECUCION DE LAS ASANAS

Correcta ejecución de las asanas
Los asanas son esas magnificas posturas dignas de una estatua casi surrealista, que encierran desde tiempos remotos el secreto de producir cambios profundos en el estado general del practicante.
Son, como su nombre en sánscrito lo indica (asana = postura) posturas y no movimientos, es decir, se trata de ejercicios estáticos, y a diferencia de la gimnasia occidental que se basa en la repetición de los ejercicios, las asanas se efectúan una vez y lo que se va aumentando generalmente es el tiempo de permanencia en la postura.
Las asanas tienen unos requisitos de ejecución muy precisos: se inician y se deshacen muy lentamente, y además se debe procurar que los músculos que no participan en la postura permanezcan relajados.
Sus efectos a medida que aumenta el tiempo de ejecución se van haciendo más profundos, comenzando desde la periferia del cuerpo (estiramiento, flexibilización, relajación de los músculos) hacia zonas más profundas, afectando su acción a regiones de los órganos internos incluso los centros nerviosos.
Además de la lentitud, la ejecución de cada postura exige una especial disposición como si se tratara de un “rito” en el cual la mente está en un estado de apertura más claro a percibir, a un sentir el cuerpo, a integrarlo. Pero lo fundamental en la actitud mental en la ejecución de los asanas, (en contraste una vez más con la gimnasia occidental), es el necesario estado de atención y de una presencia interior que va en sintonía con ese “rito” y cuanto más tiempo podamos mantener la postura con esa disposición atenta mas información tendremos de nosotros mismos y de la gran cantidad de tensiones parasitas que viven en nuestro cuerpo robándonos como un goteo constante la energía del cuerpo y de la mente.
Para la práctica regular del Hatha Yoga deberás tener en cuenta las siguientes características sobre el modo de ejecución de los asanas:

 *Lentitud
 *Ausencia de esfuerzo
 *Inmovilidad
 *Respiración, relajación y actitud mental adecuada
 *Lentitud: ejecución en forma lenta, característica propia del Yoga.
Beneficioso a nivel fisiológico, y especialmente a nivel de todo el sistema nervioso.

 *Ausencia de esfuerzo: en forma suave, sin forzar ni tironear los músculos. 
*Inmovilidad: permanencia gradual, para lograr efectos fisiológicos y psicológicos.
 *Respiración, relajación y actitud mental adecuada: respiración a ritmo normal y parejo. Profundizar la respiración en la fase estática, relajar los músculos que no intervienen en ejecutar y deshacer la postura.
Durante la sesión, mantén la actitud de estar “aquí y ahora”.
“Aquí” quiere expresar la presencia en el cuerpo y “Ahora” la consciencia de la respiración a cada instante. Es imprescindible lograr disfrutar de cada asana, buscar la manera más cómoda de permanecer el mayor tiempo posible, ya que los efectos terapéuticos de cada una de las posturas comienzan a partir del 4° al 5° minuto de inmovilidad y permanencia.
LAS ASANAS EN EL YOGA
Son múltiples las diferencias entre los ejercicios físicos yoguicos o asanas y la denominada cultura física occidental (culturismo, gimnasia, aeróbic, pilates etc).
Según nos enseñan los maestros del yoga, el único ejercicio adecuado es aquel que trabaja equilibradamente cuerpo y mente; aquel que no busca solamente la fortaleza muscular o la flexibilidad como fin primordial, sino la fortaleza y flexibilidad mental como meta final.
En la práctica de las asanas yoguicas no existe competición entre los alumnos. Cada cual trabaja de acuerdo a su capacidad personal, respetando sus límites, con la única finalidad de obtener bienestar, salud y paz interior.
El yoga nada tiene que ver con el exhibicionismo, sino que debe ser un trabajo realizado en la soledad y el silencio (aunque se esté en una clase con más alumnos) hay que evitar caer en la vanidad, la soberbia o el culto al cuerpo, grandes enemigos del verdadero yogui y acrecentador del ego.
Las asanas del hatha yoga han sido nombradas inspirándose en animales, plantas, sabios, divinidades, figuras geométricas etc. De las numerosas asanas que nos han legado los grandes maestros del yoga, la práctica de unas pocas es suficiente para restaurar el equilibriofísico-mental que se necesita para poder llevar una vida sana y más relajada. Durante la ejecución de las asanas se establece un diálogo entre el cuerpo y la mente que nos da la oportunidad de explorar nuestra realidad física y espiritual. La práctica del yoga nos pone en íntimo contacto con el cuerpo. Las asanas (posturas) son el aspecto del yoga que más se hadifundido en Occidente.
Cuando practicamos las asanas, por primera vez, podemos realmente escuchar a nuestro cuerpo y percibir los mensajes que nos envía. Hay que descartar la concepción errónea de la postura como un esfuerzo para domesticar el cuerpo. No se trata de domar el cuerpo, sino de comprenderlo, cuidarlo y desarrollarlo. Ayudar al cuerpo con cada asana a satisfacer sus necesidades legítimas de respirar, estirarse, comprimirse, expandirse, movilizarse, inmovilizarse, flexibilizarse, fortalecerse, relajarse, tonificarse, afirmarse y expresarse.
Cada asana tiene un efecto global y repercute positivamente en todos los sistemas del organismo físico, la estructura energética, el estado emocional, en la mente y en el espíritu. Es importante ser muy cuidadoso y no violentar ni forzar el cuerpo. Hay que tratarlo con amor. Una actitud cariñosa hará brotar la comprensión de sus posibilidades y limitaciones y la
reconciliación entre cuerpo, mente y alma.
Principales beneficios de las asanas
Los músculos, tendones y ligamentos son ejercitados adecuadamente, recuperando su flexibilidad natural, la fortaleza y el tono ideal. Las articulaciones también se fortalecen y recuperan toda su movilidad.
La columna vertebral adquiere elasticidad y en cierta medida se corrigen sus deformaciones.
La estructura corporal obtiene un correcto equilibrio postural.
Todos los sistemas y aparatos del cuerpo (circulatorio, nervioso, digestivo, endocrino y excretor) son tonificados y armonizados, recuperando su funcionamiento óptimo.
La circulación energética se activa y regulariza. Se acentúa la actividad de los chakras, dando lugar a la aparición de estados de conciencia más profundos.
El equilibrio energético que inducen las asanas del yoga, genera un estado emocional positivo y vital. La mente se estabiliza, se potencian todas sus funciones y se integra armónicamente con el cuerpo.
Contribuye al desarrollo espiritual, el despertar de la Conciencia superior y al desarrollo de una actitud mental positiva, constructiva y optimista.
NORMAS PARA LA REALIZACION CORRECTA DE LAS ASANAS

v En todas las prácticas de yoga es conveniente ser asesorado por un instructor competente.

v Antes de comenzar la práctica estudia y conoce perfectamente todos los detalles técnicos de la postura.
v Si es posible evacua la vejiga y los intestinos  antes de iniciar la sesión de asanas.

v No empieces la sesión antes de haber finalizado la digestión por eso se recomienda hacer un ayuno de comida de 3 horas y de bebida de 1 hora antes de la práctica.

v Utiliza ropa cómoda que te permita total libertad de movimiento, preferiblemente prendas de algodón.

v Despójate de todos los objetos metálicos, gafas, anillos, cadenas, pulseras, etc.
v Disponte de un lugar con suficiente espacio, alejado de muebles, adornos u objetos que puedan estorbar o entrañar algún peligro.

v Realiza los ejercicios sobre una mat, manta doblada o alfombra.

v La habitación debe estar bien ventilada pero sin corrientes de aire y a una temperatura agradable.

v Evitar lugares ruidosos y la posibilidad de ser interrumpido durante la sesión.
v No practiques cuando estés enfermo, con fiebre o estés extremadamente cansado.

v Si no tienes ninguna experiencia en la práctica de asanas, es preferible que comiences con ejercicios preparatorios. Son ejercicios suaves que tienden a desbloquear el cuerpo, movilizando todas las articulaciones.
v Antes de realizar las asanas debes preparar el cuerpo con algún ejercicio de calentamiento como el saludo al sol o Suryanamaskar.

v Adapta la práctica de cada asan a tus posibilidades y necesidades personales.

v Aborda primeramente las posturas  más asequibles y con una intensidad ajustada a tus condiciones y necesidades. La practica debe ser progresiva. Si alguna de las asanas clásicas no te resulta cómoda o fácil puedes sustituirla por una variante más suave.
v Si es posible practica todos los días a la  misma hora. Los momentos mas favorables son al amanecer o al atardecer.

v Para conseguir un mejor resultado práctico, al principio realiza  siempre la misma secuencia de asanas y en el mismo orden. Más adelante podrás introducir las variantes y los cambios que te convengan.

v Si practicas al aire libre, lo que s ideal, no lo hagas nunca bajo el sol del mediodía o cuando este muy intenso. Tampoco se ha de practicar después de largas estadías bajo el sol.
v Si deseas ducharte es mejor que lo hagas antes de la sesión o esperar al menos una hora después de haberla concluido.

v Las mujeres durante la menstruación deberán practicar con precaución y evitarlas posturas invertidas.

v En mujeres embarazadas a partir del 5to. Mes se interrumpe la práctica habitual y se adapta la sesión a las nuevas necesidades.

v Nunca fuerces y evita el sentimiento de competencia con tus compañeros y contigo mismo.
v No intentes sobrepasar tus propias capacidades.

v Si dispones de poco tiempo, resume la sesión y evitar practicar con apuro.

v Comprueba que ejecutas las posturas correctamente respetando los detalles técnicos.

v Si una postura produce molestias es conveniente descartarla por algún tiempo. En caso de incomodidad es mejor deshacerla y volver a empezar.
v Evita realizar ejercicios mecánicamente o con la mente ausente. Cada vez que realices la postura tiene que ser algo nuevo, como si fuera la primera vez, con mucha atención, curiosidad e interés. Evita caer en la repetición mecánica y en la monotonía.

v Administra la energía de forma que cada ejercicio utilices los músculos imprescindibles en su tono justo mientras que los demás permanecen relajados.

v Respira siempre por la nariz. Antes de comenzar sintonízate con tu impulso respiratorio y deja que se establezca una respiración amplia, lenta y abdominal.
v No comiences una nueva postura hasta que la respiración y el ritmo cardiaco se hayan normalizado.

v Entre asnas y asana intercala una pausa de entre 1 y 2 minutos. Aprovecha para relajarte y recuperarte realizando algunas respiraciones yoguicas completas. Este es un momento muy apropiado para tomar consciencia del efecto que  ha dejado el ejercicio que acabas  de hacer.
v Durante las posturas mantén una respiración lenta, profunda, rítmica y abdominal. En algunas posturas tendrás que realizar la respiración torácica. Observa que repercusión tiene esta forma de respirar, ventajas y desventajas, por ejemplo en el arco, el pez o la pinza.

v Como norma general cada postura debe ir seguida de su correspondiente contra postura. Siempre se moviliza el cuerpo en una dirección a continuación habrá que hacerlo en dirección opuesta. Así se equilibran y complementan los efectos de las asnas.
v Entra y sal de la posturas lentamente, observando todos los músculos que se van contrayendo-decontrayendo a medida que realizas el ejercicios.

v Mantén la postura final en completa inmovilidad pero sin rigidez ni tensión.
v Durante toda la sesión mantén la actitud de estar “aquí y ahora”. “aquí” quiere expresar la presencia en el cuerpo y “ahora” la consciencia de la respiración a cada instante.

v Da paso a tu espontaneidad y cuando sientas que el cuerpo demanda o necesita una postura concreta, realízala aunque tengas que modificar el orden de la secuencia. Ten presente que el cuerpo tiene sus razones y es bastante corriente que súbitamente te apetezca realizar una postura o evitar alguna otra. Es la manifestación de tu instinto y debes respetarlo. Escucha a tu cuerpo y ten en cuenta sus mensajes.
v Hay diferentes formas de organizar una sesión por ejemplo:

v Puedes elegir las posturas que más te convengan y ordenarlas adecuadamente, confeccionando un plan de trabajo.

v Puedes sintonizar con la necesidad y demanda de tu cuerpo, dejando que te dé la pauta de las posturas que va necesitando en cada momento. Este sistema no está al alcance de los principiantes ya que se necesita tener una gran sintonización con el propio cuerpo que solo se consigue después de una práctica prolongada, en cualquier caso puedes construir una secuencia base que se ajuste a tus necesidades y permitirte variaciones que estimes necesarias.

v Es muy importante la perseverancia y disfrutar de la práctica. No te impongas un plan de trabajo rígido sino que más bien sea natural y flexible para que tu sesión de asanas se transforme en un juego que disfrutes plenamente.
v Termina siempre las sesiones con una relajación completa un mínimo de 10 minutos en Shavasana.

v Si practicas asanas todos los días es conveniente que descanses un día a la semana.
v Al practicar las asanas o cualquier otra técnica del yoga deja que prevalezca el sentido común.


Fuente:
http://hatha-yoga.blogspot.com.ar/p/asanas.html
http://www.yogamedico.es/introduccion_al_tema.html
http://www.dharmayoga.es/dy/pdf/las_asanas_en_el_yoga.pdf

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