01 enero 2012

SWAMI SIVANANDA, EL GRAN MAESTRO

Swami Sivananda
         (1887 – 1963)
Su misión: servir a la humanidad
 Swami Sivananda fue uno de los grandes maestros de yoga de la India. En su vida logró con éxito dos carreras: una como doctor en medicina y la otra como gran yogui y sabio. Su trabajo siempre se centró en servir a los demás: "Cada trabajo que servía para sanar o aliviar el dolor de los que sufrían me llenaba de gran gozo". Para él, el servir era "la expresión del Amor". Tras sus comienzos como doctor en la India se trasladó a Malaisia, donde miles de Indios trabajaban y vivían en condiciones muy difíciles. Como director de un hospital local pasó gran parte de su tiempo ayudando a los pobres, aquellos que más le necesitaban. No sólo les daba atenciones médicas sin coste alguno, sino que les mandaba de vuelta a sus casas con suficiente dinero para reponer el jornal perdido.


 En busca de la felicidad duradera
 La sensación de estar llamado a una meta más elevada en la vida estaba siempre en la mente del joven médico. Mas allá de los sombríos placeres de la vida, él buscaba constantemente formas más elevadas de felicidad duradera y paz. El estrés físico y mental que observaba en las personas que conocía le apenaban profundamente. A través de las enseñanzas del Vedanta fue descubriendo gradualmente cuál era la auténtica meta de la vida. Deseaba por encima de todas las cosas seguir el camino de los santos y ayudar a la gente, no sólo a nivel físico como antes, sino también a nivel mental. Para poder dedicar su vida completamente al yoga renunció al mundo y pasó muchos meses como monje renunciante, en un solitario camino errante hasta los Himalayas. Allí practicó yoga y meditación intensamente y alcanzó la realización.
 El yoga de la síntesis
 En su ashram, la Sociedad para la Vida Divina en Rishikesh, Swami Sivananda enseñó una forma de yoga que integraba todos los sistemas conocidos. Este yoga de la síntesis es la base de la práctica moderna del yoga en occidente. En Rishikesh formó a muchos destacados discípulos que contribuirían a la gran reputación que hoy en día tiene el yoga clásico por todo el mundo. En 1957, instruyó a uno de sus discípulos más cercanos, Swami Vishnudevananda: "Ve a Occidente, la gente te está esperando" y le envió primero a América y después a Europa a difundir las enseñanzas del yoga.
 El mayor regalo es el conocimiento
 Escribir se convirtió en la nueva misión de Swami Sivananda. Por lo que pudo aportar a la gente una ayuda más duradera. Su meta era difundir el conocimiento espiritual tanto como le fuera posible. Para él el conocimiento era el mayor de todos los regalos. La imprenta era más importante para él que el púlpito, porque las palabras que escuchamos pronto se olvidan; sólo la palabra escrita perdura. Él continuó esa misión hasta el final de su vida, publicando más de 200 libros sobre todos los aspectos del yoga.
Estudiantes por todo el mundo Swami Sivananda escribió todos sus libros en inglés porque así podía llegar a una mayor cantidad de personas en el mundo. También mantenía correspondencia regular con cientos de estudiantes de yoga por todo el mundo, que se dirigían a él en busca de respuestas y consejos. A su manera, desde su sencilla casa a orillas del Ganges en los Himalayas, Swami Sivananda difundió el mensaje del divino conocimiento a los confines de la tierra.
 El poder permanente de sus pensamientos
Swami Sivananda, este gran sabio del siglo veinte, sigue vivo. Sigue vivo a través de sus libros, sus discípulos, y en la atmósfera de los centros y ashrams. Swami Sivananda era un príncipe entre los hombres, una joya entre los santos. El servicio y el amor fueron las armas que utilizó para conquistar el corazón de los hombres. Swami Sivananda no fundó ninguna religión, ni desarrolló nuevas leyes sobre la ética y la moralidad. Sin embargo, él ayudó al hinduista a ser un mejor hinduista, al cristiano un mejor cristiano, al musulmán un mejor musulmán. Había un poder duradero en Swami Sivananda (en sus pensamientos, en sus palabras, y en sus actos). Tenía el poder divino de la verdad, la pureza, el amor y el servicio.
 Svāmī Śivānanda fue un gran maestro espiritual, yogui y gurú hindú, y fundador de la Divine Life Society (Sociedad Vida Divina). Nació el 8 de septiembre de 1887 en el pueblo de Pattamadai, Tamil Nadú, con el nombre Kuppuswami Iyer y falleció el 14 de julio de 1963.
Trabajó como médico en Malasia varios años, antes de abandonarlo todo y convertirse en monje. Vivió la mayor parte de su vida en Rishikesh (India).



 Swami Sivananda Saraswati fue propagador del yoga y la doctrina Vedānta. Estableció el áshram Sivananda, sede de la Sociedad, junto a la orilla del río Ganges en Shivananda Nagar, a unos 3 km de la ciudad de Rishikesh.
 Escribió numerosos libros sobre yoga, religión, espiritualismo, hinduismo, moral, higiene y salud. Fue un pionero en llevar el yoga a Occidente.
 Primeros años y juventud
 Fue el tercer hijo de sus padres, que le dieron el nombre de Kuppuswami. De niño era muy activo y prometedor en temas académicos y gimnasia. Asistió a la escuela de medicina de Tanjore, siendo un alumno brillante. Durante este período fundó un periódico médico llamado Ambrosía. Cuando se licenció practicó medicina y trabajó como médico en Malasia durante diez años, donde era conocido por negarse a aceptar el pago de pacientes pobres que necesitaban tratamiento.
 Con el tiempo fue creciendo su impresión de que la medicina curaba a un nivel superficial, y comenzó a buscar en otro sitio para llenar este vacío, en 1923 abandonó Malasia y su trabajo y volvió a la India para dedicarse a la búsqueda espiritual. Creía que la enfermedad era un problema del alma y vio la cura en la práctica del yoga. Swami Sivananda Saraswati fue propagador del yoga y la doctrina Vedanta.

Su lema era: «Sirve, ama, da, medita, purifícate y realízate».
 Iniciación:  A su vuelta a India visitó Benarés, Nashik, y Rishikesh, donde en 1924 conoció a su gurú, Swami Vishwananda Saraswati, quien le inició en la orden de sannyas y le confirió su nombre monástico. Sin embargo, como Sivananda sólo pasaba algunas horas con Swami Vishwananda, todas las ceremonias de viraja homa eran realizadas más tarde por Swami Vishnudevandanda (que no se debe confundir con su posterior discípulo Swami Vishnu-devananda), el mahant del āshram de Sri Kailas.
 Tras la iniciación, Sivananda se estableció en Rishikesh y se sumergió en intensas prácticas espirituales. Sivananda practicó la vida austera muchos años, pero también continuó ayudando a los enfermos. Con algún dinero de su póliza de seguros vencida, fundó un dispensario de caridad en Lakshmanjula en 1927 donde servía tanto a los peregrinos, como a santos o pobres que necesitaban de su experiencia médica.
Después de unos años, Sivananda realizó un largo peregrinaje y viajó a todo lo largo y ancho de la India para meditar en santuarios y aprender con los más importantes maestros, yoguis y gurús de toda la india. Durante esta vida de parivrajaka (monje viajero) Sivananda visitó importantes lugares de peregrinaje en el sur, incluyendo Rameshvaram. Realizó sankirtan (canto devocional) y dio discursos durante sus viajes. Visitó el ashram de Sri Aurobindo y conoció a Maharishi Suddhananda Bharati.
 En el ashram de Ramana recibió el darshan (bendición de la presencia física) de Ramana Maharshi el día del cumpleaños de éste. Cantó bhajan devocionales y bailó en trance con los devotos (bhaktas) de Maharshi. También fue de peregrinaje a varios lugares del norte de la India, incluyendo Kedarnath y Badrinath. En 1932 visitó el monte Kailás y el lago Mana Sarovar.
 Fundaciones: Durante la estancia de Sivananda en Rishikesh y en sus viajes por India, muchos acudieron a él buscando guía en el camino espiritual. Permitió que algunos de ellos vivieran con él y les enseñó. Sivananda pedía a los discípulos que hicieran copias de sus cortos artículos y los enviaran para su publicación. Poco a poco empezaron a acudir numerosas personas y su círculo empezó a crecer.
 Sivananda fundó la Sociedad de la Vida Divina en 1936 a la orilla del sagrado río Ganges. La distribución gratuita de literatura espiritual atrajo a un flujo constante de discípulos al swami, incluyendo al joven U. G. Krishnamurti, quien estudió con él durante siete veranos, así como a Swami Satyananda Saraswati, fundador de la línea Satyananda Yoga o Bihar Yoga.
 En 1945, Swami Sivananda creó la Farmacia Ayurvédica Sivananda, y organizó la Federación Mundial de Religiones. En 1947 estableció la Federación Mundial de Sadhus (ascetas), y en 1948 la Academia Forest de Yoga y Vedanta. Llamó a su presentación del yoga el «yoga de síntesis».
 Tuvo varios discípulos prominentes:
 Swami Chidananda, discípulo de Swami Sivananda es el actual Presidente de la Sociedad de la Vida Divina en India y fue nombrado por Swami Sivananda.
 Swami Vishnu-devananda,
 Swami Krishnananda,
 Swami Venkatesananda (Suráfrica, Mauricio, Madagascar, Australia),
 Swami Satchidananda (EE. UU.),
 Swami Pranavananda (Malasia),

 
Swami Shantananda (Malasia y Singapur),

 Swami Chinmayananda
 Swami Sivananda Radha (Canadá).
 Swami Shivapremananda (Chile, Argentina, Uruguay, Inglaterra)
 
Swami Sivananda fue un escritor prolífico y escribió 296 libros sobre temas variados: metafísica, yoga, religión, filosofía occidental, psicología, escatología, bellas artes, ética, educación, salud, refranes, poemas, epístolas, autobiografía, biografía, historias, dramas, mensajes, discursos, diálogos, ensayos y antología. Sin embargo, sus libros recalcaban la aplicación práctica de la filosofía del yoga por encima del conocimiento teórico. En uno de sus libros dijo: "Si todo el tiempo que muchos dedican a leer sobre lo espiritual lo dedicaran a practicar meditación ya estarían iluminados". Y en La ciencia de los siete cultivos escribió: «Una onza de práctica es mejor que toneladas de teoría. Practica el yoga, la religión y la filosofía en la vida diaria y consigue la realización del Ser Superior (en tu interior)».

 Entre los discipulos de Swami Sivananda se encuentra Swami Jyotirmayananda, quien desde 1969 reside en su propio áshram en Miami (Florida, EE. UU.), da conferencias 4 veces a la semana.

(Se pueden oír en [www.yogaresearch.podomatic.com]), publica una revista mensual, International Yoga Guide, y ha publicado más de 40 libros desde al año 1962.
Swami Sivananda fue un Jivanmukta (alma liberada) reconocido en todo el mundo, que entró en Mahasamadhi (dejó su cuerpo físico) falleció el 14 de julio de 1963 en su kutir (cabaña) a la orilla del Ganges, en Shivanandanagar. Falleció de la manera en que tradicionalmente mueren los grandes maestros del yoga: sentado en meditación profunda, se sumió en el trance de samadhi.

ALGUNAS DE SUS FRASES:
·        La pobreza es la hermana mayor de la pereza.
·        Pon tu corazón, mente y alma, incluso en los actos más pequeños. Ese es el secreto del éxito.
·        La voluntad es el rey de los poderes mentales.
·        El sabio construye una isla que ninguna corriente puede arrastrar.
·        Dios es todo por completo. Él es autónomo. Él es eterna satisfacción.
·        Aprende a ver a Dios en todo lugar. Ese es el mejor alimento para la vista.
·        La guerra interna con la mente es más terrible que las guerras externas con armas.
·        Un pensamiento de alegría crea, por simpatía, otro pensamiento de alegría en otros.
·        La belleza es esencialmente espiritual. La belleza auténtica yace en el propio corazón.
·        Son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír.


·        Libérate de la esclavitud del prejuicio que embota el intelecto y ofusca los pensamientos.
·        Sirve, ama, da, purifícate, medita, realízate.
 

FUENTES:
http://www.sivananda.eu/es/sivananda-yoga/los-maestros/biografia-de-swami-sivananda.html
http://www.frasesypensamientos.com.ar
http://www.sivananda.org
http://www.hatha-yoga.com.ar/biografias/sivananda.htm
http://www.yogaclasico.ch/sivananda.html
http://www.dlshq.org/saints/siva_mmedia/siva_image.htm

BUDA, EL ILUMINADO

Buda es una palabra sánscrita que significa "el que despertó". Éste es el término que se le asigna al fundador del budismo. Él no era un dios ni era un profeta ni un mesías.
El Buda nació como un ser humano normal que, a través de su esfuerzo, alcanzó un estado de perfecta sabiduría y completa sensibilidad hacia todo lo que existe. Dicho en otras palabras, él despertó a su propio potencial y a la naturaleza verdadera del mundo que le rodeaba.


A lo largo de los siglos, se ha representado la imagen de Buda tantas veces que incluso en Occidente su efigie resulta tan familiar como cualquier otro objeto artístico. Solemos verle sentado sobre sus piernas en actitud meditativa, con una protuberancia más o menos saliente en la cúspide del cráneo y un lunar piloso entre las cejas, cubierto por un vaporoso manto sacerdotal y aureolado su rostro por una serenidad y una dulzura entrañables. Hay algo, sin embargo, que sorprende a veces: para ser un asceta que ha renunciado a los placeres del mundo y que conoce a fondo las miserias humanas, en ciertas representaciones parece excesivamente bien alimentado y demasiado satisfecho.
Es creencia común considerar que los santos llevaban una vida eremítica de lucha y sacrificio en busca de la paz interior, y así era, efectivamente, en la India que Buda conoció, unos quinientos años antes de Cristo. La idea de la purificación a través del sufrimiento era usual entre hombres ya maduros o ancianos, horrorizados y confusos ante la perversidad de sus contemporáneos. Con frecuencia, abandonaban a sus familias y se refugiaban en las montañas, cubiertos de harapos y con un cuenco de madera como única posesión, que usaban para mendigar comida. Antes de convertirse en Buda, que significa "el Iluminado", Siddharta Gautama también practicó estas disciplinas corporales abnegadamente, pero no tardó en comprobar que eran inútiles.
Una vida de príncipe: Siddharta Gautama nació probablemente en el año 558 antes de Cristo en Kapilavastu, ciudad amurallada del reino de Sakya situada en la región meridional del Himalaya, en la India. Conocido también con el nombre de Sakyamuni ("el sabio de Sakya"), Siddharta era hijo de Suddhodana, rey de Sakya, y de la reina Maya, que procedía de una poderosa familia del reino.
Según la tradición, Siddharta nació en los jardines de Lumbini, cuando su madre se dirigía a visitar a su propia familia. La reina Maya murió a los siete días de haber dado a luz y el recién nacido fue criado por su tía materna Mahaprajapati.
El nacimiento de Buda: Siddharta creció rodeado de lujo: tenía tres palacios, uno de invierno, otro de verano y un tercero para la estación de las lluvias. En ellos disfrutaba de la presencia de numerosas doncellas, bailarinas y músicos; vestía ropa interior de seda y un criado le acompañaba con un parasol. Se le describe como un muchacho de constitución esbelta, muy delicado y con una esmerada educación.
De sus años de estudio, posiblemente dirigidos por dos brahamanes, sólo se sabe que asombró a sus maestros por sus rápidos progresos, tanto en letras como en matemáticas.

Mucho se ha hablado del carácter sensible de Buda; pero siendo hijo de un rey y aspirante al trono, debió de ser educado también en las artes marciales y en todas aquellas disciplinas necesarias para un monarca. Con todo, el reino de Sakya apenas si era un principado del reino de Kosala, del que dependía.

Siddharta se casó con su prima Yasodhara cuando tenía alrededor de dieciséis años, según algunas fuentes, o diecinueve o acaso más, según otras. En algunas leyendas se dice que la conquistó en una prueba de armas luchando contra varios rivales. Nada se sabe de este matrimonio, excepto que tuvo un hijo llamado Rahula que se convertiría muchos años después en uno de sus principales discípulos. El hecho de tener un hijo varón como continuador de la dinastía le habría facilitado la renuncia a sus derechos y su consagración a la vida religiosa.
La vida de Siddharta transcurría la mayor parte del tiempo en el palacio real, bajo la protección paterna. Según la tradición, durante sus salidas furtivas a la ciudad, en que era acompañado por un cochero, se produjeron los llamados «cuatro encuentros». En cierta ocasión que salía por la puerta oriental del palacio, se encontró con un anciano; en otra ocasión que salió por la puerta meridional, vio a un enfermo; cuando lo hizo por la puerta occidental, vio un cadáver, y otro día, al cruzar la puerta septentrional, se encontró con un religioso mendicante. La vejez, la enfermedad y la muerte indicaban el sufrimiento inherente a la vida humana; el religioso, la necesidad de hallarle un sentido. Ello le llevaría a dejar atrás los muros del palacio en el que se había desarrollado la mayor parte de su vida.
Los cuatro encuentros:
A los veintinueve años, Siddharta abandonó a su familia. Lo hizo de noche, montado en su corcel Kanthaka y en compañía de su criado Chantaka. Su meta era Magadha, estado floreciente del sur, donde se estaban produciendo cambios culturales y filosóficos. Es posible que también eligiera ese reino, a unos diez días de camino desde Kapilavastu, para evitar la posibilidad de que su padre exigiera que fuese repatriado. Una vez recorrido parte del camino, se cortó los cabellos, se despojó de sus joyas y aderezos y los entregó a su criado para que, de vuelta a casa, los devolviera a su familia, con el mensaje de que no regresaría hasta haber alcanzado la iluminación.
El resto del camino lo hizo como mendicante, práctica, por otra parte, muy bien considerada en la India de la época. También era habitual que hombres ya maduros y con inclinaciones filosóficas se adentraran en el bosque para buscar la verdad. Lo singular fue que él lo hiciera a edad tan temprana.
En busca del sentido: Una vez en Rajagaha, capital de Magadha, el joven mendicante llamó la atención del poderoso rey Bimbisara. El rey, acompañado por su séquito, fue a visitarle al monte Pandava, donde practicaba la meditación y el ascetismo.
Según cuenta la tradición, el monarca le ofreció cuantas riquezas deseara a cambio de que aceptara ponerse al mando de sus batallones de elefantes y de sus tropas de élite. Siddharta informó al rey de su origen noble y del propósito de su estancia en Rajagaha. El rey Bimbisara no reiteró la propuesta; le rogó únicamente ser el primero de conocer la verdad alcanzada si llegaba a la iluminación. Siddharta siguió las enseñanzas de dos maestros de yoga, Alara Kalama y Uddaka Ramaputa. El primero, al que seguían trescientos discípulos, había alcanzado la fase «en que nada existe»; se cree que su ermita estaba en Vaishi. Siddharta alcanzó muy pronto ese mismo estadio y se persuadió de la insuficiencia de estas enseñanzas para liberar a la humanidad de sus sufrimientos. Uddaka Ramaputa tenía seiscientos discípulos y vivía cerca de Rajagaha. Sus enseñanzas tampoco colmaron los afanes de Siddharta.
Partió entonces para Sena, una aldea junto al río Nairanjana, lugar de encuentro de ascetas. Estas prácticas estaban perfectamente reglamentadas: incluían el control de la mente, la suspensión de la respiración, el ayuno total y una dieta muy severa, disciplinas todas ellas penosas y dolorosas. Por los relatos se sabe que Siddharta no se arredró ante su dureza y que, en alguna ocasión, quienes le rodeaban creían que había muerto. En aquellos tiempos los alumnos avanzados practicaban ayunos de hasta dos meses, y se sabe que nueve discípulos de Nigantha Nataputta, fundador del jainismo, se dejaron morir de hambre para alcanzar la liberación final.
Tras años de austeridades y mortificaciones que no le procuraron la iluminación, Siddharta resolvió abandonar el ascetismo, recibiendo, por el paso dado, las críticas de sus cinco compañeros.
Para empezar, se bañó en el río Nairanjana para librarse de la suciedad que había acumulado en el curso del largo proceso seguido. Al parecer, se hallaba tan débil que apenas pudo salir del agua. Recobró las fuerzas gracias a la comida que le ofreció una muchacha llamada Sajata. Según diversas leyendas, esta joven era hija del jefe de la aldea de Sena; el alimento que le dio al asceta era una sopa de arroz hervido en leche. Poco tiempo después, ya restablecido, Siddharta alcanzaría la iluminación.


La iluminación: Según todos los indicios, esto habría ocurrido en la ciudad de Gaya, cerca de Sena. Más tarde se llamaría a esta ciudad BodhGaya, y en ella se levantaría un templo en honor de Buda.
Siddharta pasaba largas horas de meditación a la sombra de una higuera sagrada que más tarde sería bautizada con el nombre de Bodhi o «Árbol de la Iluminación».
Según las leyendas, Gautama se sentó un día bajo la higuera y dijo: "No me moveré de aquí hasta que sepa." El malvado dios Mara, comprendiendo la gravedad y el peligro que encerraba tal desafío, le envió una cascada de tentaciones, la más importante en forma de un trío de libidinosas odaliscas que agitaron histéricamente sus vientres ante la cabeza inclinada de Siddharta; cuando éste levantó sus ojos hacia ellas, el fulgor de su mirada las convirtió en torpes ancianas de repugnante apariencia.
 Las tentaciones de Mara: Al caer la noche entró en trance, y la luz acudió en su auxilio, permitiéndole ver con radiante claridad toda la intrincada cadena de las causas y los efectos que regulan la vida, y el camino para alcanzar la salvación y la gloria. En la llamada primera vigilia de la noche le fue otorgado el conocimiento de sus existencias anteriores. En la segunda fue provisto del tercer ojo o visión divina. Al despuntar el alba penetró en el saber omnisciente y el entero sistema de los diez mil mundos quedó iluminado. Despertó embriagado de saber. Siddharta había comprendido que los sufrimientos humanos están íntimamente ligados a la naturaleza de la existencia, al hecho de nacer, y que para escapar a la rueda de las reencarnaciones era necesario superar la ignorancia y prescindir de pasiones y deseos. La caridad era una forma de desear la salvación de todos los hombres y la de uno mismo.
En los primeros momentos tuvo sus dudas acerca de si debía predicar la verdad que había alcanzado. Su primer sermón tuvo lugar al cabo de un mes en Sarnath, cerca de Benarés, donde residían sus cinco antiguos compañeros. Al parecer, éstos le recibieron muy fríamente, y Siddharta les reprendió por las maneras que tenían de dirigirse a un iluminado. Finalmente, los cinco formaron el núcleo inicial de una secta que, dada la sencillez del nuevo mensaje, creció con rapidez. El discípulo número seis fue Yasa, hijo de un rico comerciante de Benarés; insatisfecho con su vida sensual y de lujos, su vida presentaba cierto paralelismo con la del propio Siddharta. A través de Yasa se convirtió toda su familia.
Predicación de Buda
Cuando consideró que sus discípulos estaban convenientemente preparados, los mandó a predicar la nueva verdad por toda la India. Debían ir solos, y Siddharta regresó a Uruvela. Entre sus seguidores más importantes e influyentes se encontraba el rey Bimbisara, que donó a Buda y a sus seguidores una parcela de tierra (el «Bosque de Bambúes») para que les sirviera de refugio. Sin embargo, los discípulos pasaban la mayor parte del tiempo mendigando y predicando, y sólo regresaban a la finca durante la estación lluviosa.
Buda continuó predicando durante cuarenta y cinco años. Visitó varias veces su ciudad natal y recorrió el valle del Ganges, levantándose cada día al amanecer y recorriendo entre veinticinco y treinta kilómetros por jornada, enseñando generosamente a todos los hombres sin esperar recompensa ni distinción alguna. No era un agitador y jamás fue molestado ni por los brahmanes, a los que se oponía, ni por gobernante alguno. Las gentes, atraídas por su fama y persuadidas de su santidad, salían a recibirle, se agolpaban a su paso y sembraban su camino de flores.
 El atentado de Devadatta
Una de las conversiones que más fama le procuró fue la de su primo Devadatta, hombre ambicioso que le detestaba tanto como para urdir un plan que acabara con su vida. Confabulado con unos cuantos secuaces, y sabiendo que Buda atravesaría un desfiladero, se apostó en lo alto del mismo junto a un peñasco medio desprendido; en el momento preciso en que Buda transitaba por debajo, la gran piedra fue movida y cayó con estrépito; se oyeron gritos y se temió por la vida del maestro, pero Buda emergió indemne de la polvareda, con su sonrisa beatífica en los labios.
En los últimos años de su vida, Siddharta sufrió duros reveses. El rey Bimbisara fue destronado por su propio hijo y el trono de los sakyas fue usurpado por Vidudabha, hijo del rey Pasenadi, protector también del budismo. Parece que intentaba retornar a su ciudad natal cuando le sobrevino la muerte. Tenía ochenta y un años de edad y se encontraba muy débil, pero siguió predicando su doctrina hasta los últimos momentos. Por las descripciones hechas de la enfermedad infecciosa que contrajo, se cree que la causa última de su muerte, acaecida en la ciudad de Kusinagara, pudo ser una disentería. Su cuerpo fue incinerado a los siete días de haber fallecido y sus cenizas repartidas entre sus seguidores.
El ascetismo de Buda provenía de las antiguas religiones, pero es evidente que su propósito no era tranquilizar a sus semejantes presentándoles una nueva deidad o renovando ritos anteriores, sino hacer a cada uno consciente de su radical soledad y enseñarle a luchar contra los males de la existencia. Al sustituir las liturgias y sacrificios por la contemplación del mundo, Buda otorgó una importancia suprema a algo muy parecido a la oración individual y privada, valorando por encima de todo la meditación, ensalzando el recogimiento y situando el corazón del hombre en el centro del Universo.
Otra de las causas de su éxito fue, sin duda, su asombrosa tolerancia. No existe ningún dogma budista y, por lo tanto, ningún budista es perseguido por hereje. Al volver la vista atrás, entre siglos preñados de violencia y fanatismo, lo que más sorprende de Buda es el sereno llamamiento que hace a la razón y a la experiencia de cada hombre: "No creas en cualquier cosa porque te enseñen el testimonio escrito de un viejo sabio. No creas en cualquier cosa porque provenga de la autoridad de maestros y sacerdotes. Cualquier cosa que esté de acuerdo con tus propias experiencias y que después de una ardua investigación se manifieste de acuerdo con tu razón, y conduzca a tu propio bien y al de todas las cosas vivientes, acéptala como la verdad y vive de acuerdo a ello."

 
La palabra Buda es un título o un epíteto y no un nombre. Significa "alguien que está despierto" en el sentido de haberse "despertado a la realidad". El título describe el logro de un hombre llamado Siddharta Gautama, quien vivió hace 2,500 años en el norte de la India. Cuando tenía 35 años, después de largos años de esfuerzo, logró la Iluminación estando en una profunda meditación. Durante los restantes 45 años de su vida viajó por gran parte del norte de la India, diseminando su enseñanza del sendero hacia la Iluminación. Su enseñanza se conoce en el Oriente como el Buddha-Dharma - "la Enseñanza del Iluminado".
 Viajando de lugar a lugar, el Buda enseñó a numerosos discípulos, muchos de los cuales lograron también este estado de Iluminación. Ellos, a su vez, enseñaron a otros y de este modo una cadena ininterrumpida de enseñanza que continua hasta el día de hoy.


El Buda no era un Dios ni profeta de Dios, tampoco se declaró como un Ser divino. En el Budismo no existe el concepto de un Dios creador. El Buda fue un ser humano quien, a través de esfuerzos tremendos, se transformó y trascendió su limitación humana creándose en el un nuevo orden de Ser: Un ser Iluminado.
El estado de Iluminación que alcanzó tiene tres facetas. 1) Es un estado de "Sabiduría", de ver las cosas como realmente son. 2) Es una fuente de "Compasión" o Amor que se manifiesta en una actividad constante para el beneficio de todos los seres. 3) Y es la liberación total de las energías de la mente y cuerpo para que estén al servicio de la mente plenamente consciente.
El concepto budista de la Iluminación no se conoce en Occidente donde tenemos limitados entendimientos de la capacidad espiritual que la vida ofrece. Algunos estudiosos la interpreten en un sentido humanístico como llegar a ser un humano ético y con cualidades morales, careciendo de un orden espiritual. Otros entienden la meta en términos de un Dios más allá de todo y creador de las cosas, la meta en este caso sería comunión o unión con él. Todos estos conceptos son completamente ajenos al budismo.
El Budismo desapareció de la India hace mil años (aunque recientemente está reviviendo). Así mismo la enseñanza se expandió hacia el sur a Sri Lanka y el Sudeste de Asia, donde la forma "Theravada" de Budismo aun sigue floreciendo. También se difundió al norte al Tíbet, China, Mongolia y Japón. Las formas "Mahayana" de Budismo se practican en estos países, aunque en el último siglo han sufrido mucho de los efectos del comunismo y consumismo. En el último siglo el Budismo ha aterrizado indudablemente en Occidente y muchas personas se han convertido en Budistas.

En los países de Oriente es una costumbre universal hace una reverencia física a una persona para mostrar respeto. Antiguamente todo el mundo hacía reverencia a los reyes o emperadores. Hoy en día en muchos países sigue siendo la costumbre reverenciar los padres, los suegros, los profesores de escuela, los maestros de artes marciales o cualquier persona que uno estima. En el budismo Zen es normal inclinarse ante el almohadón o zafu de meditación antes de usarlo como muestra de gratitud. Así que el acto de veneración al Buda no tiene nada que ver con divinidad: es simplemente una forma de expresar estimación y agradecimiento a otro ser humano que uno considera su maestro.

POSTRACIÓN FRENTE AL BUDA
Se puede considerar las estatuas del Buda de dos maneras. En primer lugar las puedes comprender como un símbolo del Buda histórico y sus logros espirituales. En este caso reverenciar la estatua es una muestra de estima. La otra forma de ver una imagen del Buda es contemplarla como un símbolo de tu propia iluminación. Un día  también podes llegar al estado de ser un Buda. En este caso reverenciar la estatua es una forma de conectar emocionalmente con tu propio potencial espiritual ilimitado. 
Frases de Buddha
·        "El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato." Buda
·        "El que no se esfuerza cuando es el memento de esforzarse; el que, aún joven y fuerte, es indolente; el que es bajo en mente y pensamiento, y perezoso, ese vago jamás encuentra el Sendero hacia la sabiduría." Dhammapada. Buda.
·        "De fácil ejecución son las cosas nocivas y dañinas. Lo bueno y beneficioso es verdaderamente difícil de hacer" Dhammapada. Buda.
·        “Como una bella flor, llena de colorido pero sin perfume, así es estéril la palabra hermosa del que no actúa conforme a ello. Como una bella flor, llena de colorido y con perfume, así es fecunda la palabra hermosa del que actúa conforme a ella”. Dhammapada
·        “Hay dos cosas, oh discípulo, que conviene evitar: Una vida de placeres; eso es bajo y vano. Una vida de mortificaciones; eso es inútil y vano”. -Sidartha Gautama.



·        “Avanzando estos tres pasos, llegarás más cerca de los dioses: Primero: Habla con verdad. Segundo: No te dejes dominar por la cólera. Tercero: Da, aunque no tengas más que muy poco que dar”. Buda
·        “Nuestras buenas y malas acciones nos siguen casi como una sombra” Buda.
·        “Como una sólida roca no se mueve con el viento, así el sabio permanece imperturbado ante la calumnia y el halago” Buda. Capítulo VI Dhammapada
·        "En verdad que vivimos felices si no odiamos a aquellos que nos odian, si entre hombres que nos odian habitamos libres de rencor". Buda. DHAMMAPADA
·        “Una mente irreflexiva es un pobre techo. La lluvia de la pasión inundará la casa. Pero al igual que la lluvia no puede atravesar un techo fuerte, tampoco las pasiones pueden penetrar en una mente ordenada.” Dhammapada 1:13-14

·        “Sabios son aquellos que dominan el cuerpo, la palabra y la mente. Ellos son los verdaderos Maestros.” Dhammapada 17:14
·        “Como el viajero que al volver de un largo viaje, es recibido por su familia y amigos, del mismo modo las buenas obras hechas en esta vida, nos recibirán en la otra, con la alegría de dos amigos que se vuelven a encontrar.” Dhammapada 16:11-12
·        ¡Despertaos! Nunca seáis negligentes. Seguid la ley de la virtud. El que practica la virtud vive felizmente en este mundo y en el próximo. Dhammapada (V168)
·        "Más grande que la conquista en batalla de mil veces mil hombres es la conquista de uno mismo". Buda. Dhammapada (v103)
·        “El hombre que hace el mal sufre en este mundo y sufre en el otro. Sufre y se lamenta al ver todo el daño que ha hecho. Sin embargo, el hombre que hace el bien es feliz en este mundo y también lo es en el otro. En ambos mundos se regocija, viendo todo el bien que ha hecho.” Dhammapada 1:15-16
·        “Del mismo modo que se custodia un pueblo fronterizo, guárdate a ti mismo, por dentro y por fuera. No dejes de vigilar ni un momento, si no quieres que la oscuridad te venza.” Dhammapada 22:10.

·        "La vigilancia es el sendero hacia la inmortalidad, la negligencia es el camino hacia la muerte. Aquellos que permanecen vigilantes nunca mueren, los negligentes son como si ya estuvieran muertos.” Dhammapada 2:1
·        “El perfume de las flores no va contra el viento. Ni el del sándalo ni el de la rosa o el jazmín. Sin embargo, el perfume del hombre virtuoso se extiende por todas partes y en todas direcciones.” Dhammapada 4:11
·        “Es fácil ver las faltas de los demás, pero ¡qué difícil es ver las nuestras propias! Exhibimos las faltas de los demás como el viento esparce la paja, mientras ocultamos las nuestras como el jugador tramposo esconde sus dados.” Dhammapada 18:18
·        “El hombre que tiene miedo, busca refugio en los montes, en los bosques sagrados o en los templos. Sin embargo tales refugios no sirven, pues allí donde vaya, sus pasiones y sus sufrimientos lo acompañarán.” Dhammapada 14:10-11.
·        “Al igual que la leche fresca no se vuelve agria de golpe, tampoco los frutos de las malas acciones llegan de repente. Su malicia permanece escondida, como el fuego entre las brasas.” Dhammapada 5:12
·        “Tu peor enemigo no te puede dañar tanto como tus propios pensamientos. Ni tu padre, ni tu madre, ni tu amigo más querido, te pueden ayudar tanto como tu propia mente disciplinada.” Dhammapada 3:10-11
·        “El que hace acequias controla el agua, el que fabrica flechas las hace derechas, el carpintero domina la madera y el sabio domina su mente.” Dhammapada 6:5

·        “Disfruta vigilando, cuida tu propia mente, sácate a ti mismo del camino de la miseria, como se hace con el elefante que se ha metido en el barro.” Dhammapada 23:8
·        “Por pequeño que sea un deseo, te mantiene atado, como el ternero a la vaca.” Dhammapada 20:12
·        “No trates de cambiar tu deber por el de otro, ni descuides tu trabajo por hacer el de otro. No importa lo noble que éste pueda ser. Estás aquí para descubrir tu propio camino y entregarte a él en cuerpo y alma.” Dhammapada 12:10
·        “El verdadero buscador no se identifica ni con el nombre ni con la forma, no se lamenta por lo que no tiene ni por lo que pudo haber sido.” Dhammapada 25:8
·        “Domina tus palabras, domina tus pensamientos, no hagas daño a nadie. Sigue fielmente estas indicaciones y avanzarás en el camino de los sabios.” Dhammapada 20:9

·        "¿Para qué hacer cosas de las que luego tendrás que arrepentirte? No es necesario vivir con tantas lágrimas. Haz sólo lo que esté bien, aquello de lo que no tengas que arrepentirte, aquello cuyos dulces frutos recogerás con alegría." Dhammapada 5: 8-9
·        "Apresuraos en hacer el bien; refrenad vuestra mente hacia el mal, ya que quienquiera que es lento en hacer el bien, se recrea en el mal" Dhammapada Cap. 9
·        "1. Todos los estados encuentran su origen en la mente. La mente es su fundamento y son creaciones de la mente. Si uno habla o actúa con un pensamiento impuro, entonces el sufrimiento le sigue de la misma manera que la rueda sigue la pezuña del buey...  2. Todos los estados encuentran su origen en la mente. La mente es su fundamento y son creaciones de la mente. Si uno habla o actúa con un pensamiento puro, entonces la felicidad le sigue como una sombra que jamás le abandona".  El Dhammapada
·        “La meta principal es la autorrealización intima del Ser, no debe descuidarse por las metas secundarias, y el mejor servicio que puede hacerse a los demás es la liberación de uno mismo” -BUDA
·        “La mayoría de los seres humanos, son como hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan en el suelo. Otros, por el contrario, casi son como estrellas; siguen su camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta” -SIDHARTA
·        "Como la lluvia penetra en una casa con mal tejado, así el deseo penetra en el corazón mal entrenado" - Buddha
·        "No ocupéis la mente con necedades y no malgastéis el tiempo en cosas vanas" -Buddha
·        El odio nunca se extingue por el odio en este mundo; solamente se apaga a través del amor. Tal es una antigua ley eterna. Buddha. Dhammapada.

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