domingo, 26 de febrero de 2012

LAS MUJERES EN EL BUDISMO

El Buda Sakyamuni nació, se formó, enseñó y murió en una sociedad dominantemente patriarcal.
La aparición, establecimiento y desarrollo del patriarcado en las sociedades humanas es universal y en oriente tiene su propia versión.
En casi todos los pueblos de Asia se desarrolló desde tiempos muy antiguos la doctrina del karma y de la reencarnación. Estas nociones filosófico-espirituales, originadas en el marco de una kosmovisión espiritual vastísima que nació en el valle del Indo hace miles de años, se popularizaron formando parte de las creencias magico-míticas de los pueblos. Estas nociones de karma y reencarnación dieron lugar a interpretaciones influidas por la psicología colectiva dominante en cada época, cuyos efectos no vamos a desarrollar aquí pues es demasiado vasto el tema, pero sí que es útil señalar uno de sus efectos más perjudiciales para la mujer oriental: la psicología de los hombres religiosos de estas sociedades patriarcales interpretó que nacer como mujer era un obstáculo para alcanzar el ideal espiritual de la Iluminación.Por lo tanto era necesario renacer como hombre en las siguientes vidas. Esto se podía alcanzar purificando el karma negativo que había propiciado el nacimiento como mujer en la vida actual y de esta forma generar las condiciones más propicias para renacer como hombre y poder así, en vidas futuras, alcanzar la Liberación de la rueda del renacimiento, obteniendo la Iluminación.
La consecuencia más devastadora de esta interpretación fue la devaluación de la existencia como mujer. Ésta es una de las razones, si no la principal y origen de las demás, por la que nacer niña en un país oriental, es menos valorado que nacer niño, con todo lo que eso conlleva de sangrante desigualdad y sufrimiento.
Las consecuencias de esta desigualdad esencial en las sociedades del mundo religioso budista es, generalizando, el desdén, abierto o sutil, consciente o inconsciente por parte de monjes o laicos frente a mujeres monjas o laicas.
Asimismo, los monasterios de monjas son mucho menos importantes en número e influencia social que los de hombres e, incluso en algunos países como Japón, son ya casi inexistentes. La razón de esta escasez de monacato femenino tiene una explicación muy práctica: tradicionalmente se consideraba que la forma en la que una persona laica podía procurarse buen karma para su siguiente renacimiento era acumular méritos sosteniendo con su generosidad material la práctica espiritual de los monjes dedicados exclusivamente a la meditación y estudio del dharma budista.
 Cuanto mejor es la práctica espiritual del monje y mayor grado de realización espiritual tiene, mayores méritos acumula la persona laica que le apoya. Por lo tanto, los maestros más afamados obtenían mayores recursos materiales para sobrevivir .
Las monjas tenían mucho más dificil su supervivencia económica, puesto que siempre se consideraba que su realización espiritual era de menor valor que la de un monje, y por lo tanto no procuraba tanto mérito kármico.
Debido a estas dificultades de supervivencia de los monasterios, las ordenaciones de monjas han ido disminuyendo con el paso de los siglos en la mayoría de los países del mundo budista, ya que solamente una monja abadesa puede ordenar a otra monja (en presencia de monjes varones) con lo que las posibilidades disminuyen.
La excepción a la regla la constituyen algunos países como Taiwan, en el que existe un mayor número de monasterios de monjas y se observa que la importancia social de la mujer es mayor que en la mayoría de los países de tradición budista.
Otra consecuencia especialmente acusada es la falta de modelos espirituales femeninos. Apenas existen budas y bodisatvas femeninas, arahats mujeres y maestras. Los enseñantes de prácticamente todas las tradiciones budistas afirman que siempre hubo algunas célebres mujeres cuya práctica y enseñanzas fueron notorias, pero los responsables de la transmisión no tuvieron interés en registrar sus historias; escasamente hay algunas referencias.
Y así, la pregunta que podemos hacernos es la siguiente: ¿de dónde pudo surgir la idea de que la condición de mujer es un obstáculo para la Iluminación?¿Quiere decir esto que las enseñanzas del Buda están limitadas a los hombres? ¿Que la mujer no puede alcanzar la iluminación por su condición de mujer? ¿O que está más lejos de realizar su auténtica Naturaleza Original porque esta naturaleza se manifiesta en femenino? Ciertamente no. A poco que se escuche y se conozcan las enseñanzas del Buda, más aún, en la medida en que se vislumbra el alcance ilimitado, transcendente y no dual de las mismas, es obvio que es un despropósito el planteamiento de la inferioridad de la mujer con respecto al hombre para realizar la Iluminación.

Sin embargo, y paradójicamente, a diferencia de las tradiciones cristianas, no existe tampoco ninguna tradición budista que, teóricamente, ponga impedimentos a la existencia de maestras que transmitan el Dharma, la enseñanza budista, con la misma autenticidad que se le supone a un maestro varón, siempre y cuando hayan sido reconocidas como tales por otro u otra maestra (pues ésta es la condición para la Transmisión del Dharma en el Budismo).
No obstante, en la práctica, como hemos visto, las maestras son muy escasas, no así las mujeres budistas practicantes, monjas o laicas, que son legión.
Así pues, ¿cuál es el origen de esta noción devaluadora de la mujer que tanto daño ha generado y genera al Espíritu colectivo de la humanidad?
El origen de esta desarmonía hay que buscarlo, como todo sufrimiento, en el interior de nosotros y nosotras mismas, tal como enseñó el Buda. En nosotras/os está el sufrimiento y también la causa del sufrimiento, y también la oportunidad de liberar este sufrimiento y alcanzar un estado de paz, equilibrio y armonía entre nuestras tendencias masculinas y femeninas, reconociendo, aceptando e integrando estas tendencias en una totalidad de Ser, perfectamente digna en su integridad. Éste es el camino, la cuarta Noble Verdad.
Mujer y Budismo en Occidente
Y, ¿qué sucede en Occidente? En los últimos veinte años, la eclosión del budismo en occidente es más que notable, está creciendo como una semilla en tierra fértil, respondiendo a las necesidades de hombres y mujeres de sociedades altamente tecnificadas pero empobrecidas a nivel espiritual.
En Occidente el budismo está enraizando en una sociedad en la que las formas sociales están dignificando progresivamente la figura de la mujer, pero esta dignificación está todavía más en las intenciones y legislaciones que en el fondo. Y así pasa también en las comunidades budistas occidentales, en las que todavía tienen que evolucionar las formas culturales heredadas de los países de origen, ceremoniales medievales y jerarquías feudales, en las que el papel de la mujer es claramente secundario.
Para una mujer practicante budista en occidente el camino espiritual se le presenta sembrado de ricas paradojas. Mientras por un lado proviene en muchos casos de un medio familiar y cultural de educación judeocristiana y en la que no encuentra la suficiente nutrición espiritual que anhela, por otra parte se encuentra con la fuerte impronta patriarcal de todas las tradiciones budistas.
En relación con esta falta de referencias femeninas nos encontramos con que la forma de transmitir las enseñanzas, en general, está orientada hacia los practicantes varones, hacia su psicología y roles sexuales y tradicionales.Para advertir esta orientación marcadamente masculina es necesario ser mujer practicante y haber investigado cuál es el origen de cierta incomodidad que hace aparición antes o después a lo largo de la práctica. Esta incomodidad tiene su origen en la mujer que practica teniendo como referencias las enseñanzas de maestros , la invocación de bodisatvas y budas, patriarcas, lamas.... un universo de seres altamente evolucionados casi siempre hombres...
Así que, inconscientemente, las mujeres tienden a considerar que hay algo en ellas que no funciona porque no se sienten totalmente encajadas, mientras valoran más las actitudes y aptitudes de sus compañeros espirituales y maestros.
Sin embargo, como hemos dicho, a diferencia de las tradiciones cristianas, en la que está establecido orgánicamente cuál es el funcionamiento de la Iglesia en cuanto al reparto de roles masculino y femenino, en las tradiciones budistas no existe ninguna prohibición para la mujer en cuanto a impartir enseñanzas y la única limitación es la que impone la propia sangha o comunidad de practicantes, en la que la Transmisión de maestro (o maestra) a discípulo (o discípula) cobra una gran importancia. Las limitaciones son, pues, las que la propia idiosioncrasia de la comunidad, y especialmente los maestros, imponen. Oficialmente no hay ninguna norma religiosa que impida a una mujer ser reconocida como maestra de Dharma si otro maestro o maestra así lo reconoce.
No obstante, en la práctica sólo en Occidente, se da normalmente la transmisión del Dharma a mujeres y esto en un porcentaje muy inferior al de hombres.
La plenitud de ser mujer: aportación de la Sabiduría del Budismo
¿Qué es ser mujer? ¿Cuáles son las cualidades espirituales femeninas? ¿Qué es lo que nos hace ser mujeres plenamente? ¿Cómo y cuándo va a dejar de ser necesaria la reivindicación personal y colectiva de la dignidad e igualdad de nuestro sexo en la sociedad donde vivimos, ya sea en oriente o en occidente, ya sea en la comunidad civil o religiosa?
Como seres humanos podemos aprovechar la oportunidad que nos brinda esta existencia humana para enfocar nuestra energía vital en descubrir y desentrañar el hecho de Ser; preguntarnos qué es esto, qué es ser mujer, cómo experimentamos nuestra existencia en tanto que seres humanos y, más concretamente, mujeres, con todas nuestras circunstancias y condicionamientos. Si no hemos olvidado nuestra curiosidad innata, e inocente de toda idea preconcebida, podemos darnos cuenta de cuál es nuestra condición, sabiendo que no hay nadie, ni hombre ni mujer, que esté más cerca de cada una de nosotros que nosotras mismas. Por tanto solamente en la intimidad de nuestro corazón y libres de todo prejuicio podrá emerger, silenciosamente, la respuesta a estas preguntas.
El budismo enseña que no existe absolutamente nada en el universo que tenga una entidad esencial en sí misma, sino que todo cuanto existe lo hace en relación con todo lo demás.. Todo está interrelacionado y cada fenómeno se define y caracteriza su existencia por su relación con otros fenómenos. Todo forma parte de una Unidad, nada está separado, aunque pueda parecérnoslo. Esta enseñanza nos brinda una fuente de inspiración para meditar sobre nuestra naturaleza esencial, también en tanto que mujeres.Nos brinda también la libertad. Si nuestra realidad como mujer se condiciona en función de cómo establecemos nuestras relaciones con todo aquello con lo que entramos en contacto, entonces podemos aprovechar el instante presente consciente para crearnos a nosotras mismas y no permitir que nadie nos imponga la creencia de lo que es y debe ser una mujer, ni cómo debe manifestarse en el mundo.
Esta genuina libertad es un gran reto, porque significa aceptar profundamente lo que surge de nosotras mismas y abandonar las ideas de ser “mejores” de lo que somos: más de esto, menos de aquello, y especialmente abandonar aquellos valores que nos hemos impuesto inconscientemente y que nos hacen sufrir, llagando nuestra naturaleza femenina.
Y, ¿cuáles son estos valores? Ésta es nuestra obligación, averiguar lo que nos hace sufrir y soltarlo. En esto consiste una vía espiritual.
Tampoco debemos olvidar que lo femenino se define y caracteriza en relación con lo masculino. No existe el yin sin el yan y viceversa. Entonces, en la medida en la que aprendemos a ser mujeres auténticas es entonces cuando nos relacionamos con hombres auténticos y viceversa.
Sin embargo solamente tenemos posibilidad de liberar nuestra propia mente, no la de nuestro marido, o hijo, o hermano, o maestro, o padre o jefe, o presidente del gobierno... por tanto, no podemos esperar ni exigir con resentimiento que sean ellos los que nos confieran la libertad de ser mujeres plenas.
Y, en última instancia, la verdadera libertad se instala en nuestro ser cuando somos capaces de integrar en nuestra propia mente lo masculino y lo femenino, cuando se celebra en nuestro propio corazón la boda sagrada, la gran alianza .

Realizar en nuestra propia mente esta libertad de Ser es la auténtica revolución que anhelamos. Esta es la Aspiración al Perfecto y Supremo Despertar del que habla el Budismo: la Iluminación.

¿Cuáles son los obstáculos que nos impiden realizar esto? ¿Cuáles son las condiciones que favorecen esta experiencia de plenitud y libertad supremas? ¿Cómo podemos orientar nuestro espíritu en esta dirección?
De todo esto tratan las enseñanzas budistas. De todo esto tratan todas las tradiciones espirituales de la humanidad, las cuales señalan con distinto dedo la misma luna. Todas, sin excepción, tratan del Amor y la Sabiduría del Ser plenamente realizado, iluminado, resucitado.
Las civilizaciones antiguas raramente supieron tratar con justicia a la mujer, muchas veces considerada como inferior. La actitud de Buda, al inicio de su predicación, sigue esa línea, como se puede ver en unos de sus primeros discursos: “Las mujeres son pícaras, llenas de malicia y en ellas es difícil encontrar la verdad”. Hablando a los monjes, afirma que no deben nunca dirigirse a una mujer, ni mirarla, a no ser en caso de necesidad. Las reglas establecidas inicialmente para su “orden” se referían sólo a los hombres, porque sólo ellos podían hacerse monjes y alcanzar la perfección.
Si una mujer deseara realmente el camino de la salvación, sólo tenía una alternativa: renacer como varón, lo que sería posible en el caso de que se esforzase, en su vida de mujer, por “desarrollar un modo de pensar masculino”. La actitud de Buda se explica, sobre todo, teniendo como base su doctrina sobre el aniquilamiento del “deseo de vivir”. La mujer, ligada a la maternidad y al nacimiento, era vista como el obstáculo más grave para la liberación del ciclo de los nuevos nacimientos. Fácilmente ella podría desviar al hombre de sus mejores propósitos, constituyendo, pues, un gran peligro. Era preciso mantenerla bien apartada, y, para eso, había que aprender a despreciarla.

Más tarde, esa actitud mejoró. Una antigua leyenda cuenta que el cambio de debió a la insistencia de la madrina de Buda, apoyada por las razones del discípulo predilecto Ananda, que pedían la fundación de una orden femenina en el monaquismo budista. Buda consintió, dictando ocho reglas para las comunidades femeninas, lo que significa que también las mujeres podían alcanzar el Nirvana.

El Buda dejó muy claro que tanto las mujeres como los hombres podían alcanzar la Iluminación y las admitió en la orden monástica de ese entonces como bhikkhunis, que era algo totalmente revolucionario en aquella época.
 Una paradójica posición
 Sin embargo se cuenta que el Buda se mostraba reticente a incorporar a las mujeres en la orden y que sólo lo permitió cuando Ananda (su fiel asistente) se lo pidió por tercera vez. Cuando las admitió, estableció una serie de preceptos para ellas.

 En las escrituras Mahayana figuran ciertos ejemplos en que se manifiesta que la naturaleza femenina es inferior. Sin embargo, en la misma obra aparecen algunas narraciones sobre mujeres jóvenes que reprenden y desconciertan a ancianos monjes venerables por no reconocer la destreza de la mujer para enseñar las doctrinas.
 Ocupan un nivel “inferior” dentro de la organización monástica
El linaje de ordenación bhikkhuni (o de monjas budistas) se extinguió dentro de la tradición del budismo antiguo Theravada. Nunca se impuso en el Tíbet y actualmente sólo pervive en las tradiciones del Budismo sino-japones. Sin embargo en la comunidad tibetana algunas mujeres, llamadas anis, se entregan a la vida monástica. En Tailandia a estas mismas se les denominada maejis. En cualquier caso, su posición es considerablemente “inferior” dentro de la organización de los monjes ordenados que viven (al menos así parece) de acuerdo con los antiguos códigos monásticos. Las comodidades de que disfrutan son escasas, por no decir inexistentes.
 Algunas mujeres buscan restablecer la antigua tradición
 Sin embargo algunos grupos de mujeres en Occidente y, cada vez más también, en Oriente, tratan de encontrar fórmulas para recuperar las ordenación tradicional de bhikshuni (Bhikshuni es sánscrito, bhikkuni es en pali).
 Quizá una posible solución estribaría en “importar” al budismo Theravada o al tibetano de la actitud existente en China, que parece no haberse interrumpido nunca desde las primeras ordenaciones de mujeres en tiempos del Buda. Resulta imposible predecir si esto se logrará finalmente.

 En constante desventaja dentro del modelo tradicional
En cualquier caso, las mujeres que desean recuperar la ordenación tradicional en países asiáticos se encuentran en una situación que las pondría en una constante desventaja; al perseguir la igualdad con sus hermanos monásticos intentando recuperar la ordenación bhikshuni tradicional, esta las colocaría de forma inequívoca en una posición inferior dentro de la organización monacal. Por ejemplo, una de las reglas que tendrían que aceptar establece que todas las monjas, “aun cuando tengan cien años de ordenadas”, deben mostrar deferencia en todo momento hacia el monje más joven.

 Optar por el modelo occidental
Parece, pues, que estas mujeres que buscan la igualdad de oportunidades y que desean ser ordenadas en la religión budista tal vez deberían abandonar la cuestión de la ordenación bhikshuni tradicional y adoptar uno de los nuevos modelos de órdenes y prácticas que, en la actualidad, surgen en Occidente y, en los cuales, tanto hombres como mujeres reciben la misma ordenación y gozan de las mismas oportunidades.
Maha Maya Devi
Es considerada como la primer mujer que forma parte del movimiento budista ya que da a luz a Siddharta Gautama.- No obstante su rol dentro del budismo cobra otras interpretaciones que se pueden desprender en un comienzo de su nombre, “Gran Ilusión”. Como la gran ilusión que va asociada a la percepción, que nos distrae y nos mantiene atados al mundo de los sentidos y fenómenos. Pero esta ilusión a su vez, es la gran oportunidad de experimentar la vida y llegar a comprender la verdadera naturaleza de todas las existencias.-
Maha Maya pertenecía al clan de Kolya, vivía en Devahaha municipio de Kapilavatsu, hoy Nepal.- Se casó con Suddhodana, jefe de la tribu de los Shakya de la localidad Kapilavastu Tiempo después Maha Maya tuvo un sueño en el cual un elefante blanco con seis colmillos descendía del cielo y entraba a su cuerpo disolviéndose en él.
Este sueño fue considerado como muy auspicioso por los astrólogos del lugar y se sospecho en ese momento que Maha Maya estaba embarazada, lo cual se confirma tiempo después.-
Según se relata Maha Maya, también conocida como Mahadevi, durante ese tiempo se la veía radiante y alegre y no sufría de ninguna limitación o malestar físico debido a su estado de gravidez.-
Como era costumbre se marchó a la casa de sus padres para dar a luz al niño, pero en el viaje sobrevino el parto, en la zona de los jardines de la localidad de Lumbini a la sombra de un los árboles y orillas de un arroyo, durante un día que estuvo lleno de pequeños milagros.-  Luego del nacimiento fueron llevados al palacio el hijo y su madre. Esta última comenzó a sufrir malestar físico y estados febriles de los cuales no se recuperó y luego de siete días murió.-

Maha Maya después de su muerte conservó su consciencia y eligió un renacimiento en el reino de los dioses y los bodhisattvas.- Se dice que es la madre de Maitreya, el buda del futuro.
La mujer en el budismo, según Eihei Dôgen en un extracto del Raihai tokuzui
Hoy día hay mucha gente que es profundamente ignorante y que cree que las mujeres son únicamente objetos de lujuria. Así es como las ven y no quieren corrregir su manera de percibir. Los seguidores del Buda no deberían comportarse de esta manera. Si se desprecia a las mujeres viéndolas únicamente como objetos de lujuria, ¿no se debería despreciar igualmente a todos los hombres? En lo que se refiere al deseo sexual, los hombres también pueden ser objetos [de atracción sexual], al igual que las mujeres. Los que no son ni mujeres ni hombres igualmente pueden ser objetos de deseo; los fantasmas y las ensoñaciones de  flores en el cielo  también pueden ser objetos de deseo. A veces, el deseo ha sido generado por una imagen reflejada en el agua. Otras, el deseo ha sido generado por el sol brillando en los cielos. Los dioses y las diosas pueden ser objetos de atracción sexual e incluso los demonios pueden serlo. Es imposible contar el número de causas que estimulan el deseo sexual. Aunque se ha dicho que existen 84.000 objetos [en el cosmos]. ¿Vamos a despreciarlos todos? ¿Vamos a dejar de contemplarlos?

En el Vinaya se dice:
“En el hombre hay dos lugares; en la mujer hay tres lugares. [La violación de esos lugares] constituye una falta imperdonable que requiere la expulsión de la comunidad". (1)
Si tuviéramos que despreciar a las personas por el hecho de ser susceptibles de convertirse en objeto de deseo sexual, entonces los hombres y las mujeres tendríamos que despreciarnos los unos a los otros. Y si esto fuera así, no habría manera de cruzar [a la otra orilla]. Las implicaciones de esta verdad deben ser examinadas cuidadosamente.
Es cierto que algunos no-budistas no toman esposas, pero eso no quiere decir que no sigan siendo no-budistas, puesto que siguen albergando opiniones erróneas y porque no han entrado en el buddhadharma. Entre los discípulos laicos del Buda hay muchos que son esposos o esposas. Pero no hay nadie ni entre los humanos ni entre los dioses que les llegue a los discípulos laicos del Buda a la altura de los hombros.
En la China de los Tang hubo monjes ignorantes que hicieron estos votos:
“Durante mucho tiempo, durante muchas vidas, durante muchas generaciones, hago el voto de no mirar nunca a una  mujer”.
¿En qué enseñanzas se basa esto? ¿Se basa en las enseñanzas de los Budas? ¿Se basa en las enseñanzas de los no-budistas? ¿Se basa en las enseñanzas de Mara? ¿De qué ofensas son culpables las mujeres? ¿De que virtudes están dotados los hombres?  Para las personas malvadas, éstas se encuentran solamente en los hombres. Para las personas buenas, éstas se encuentran también en las mujeres. La aspiración de recibir el Dharma y la búsqueda de la liberación no dependen ciertamente de que se sea hombre o mujer. Si las ilusiones no han sido disueltas, tanto da que se sea hombre o mujer, esas ilusiones siguen estando no disueltas. Cuando las ilusiones han sido disueltas y se experimenta la verdad, no hay diferencia entre el hombre y la mujer. Además, si haces el voto de no mirar nunca a una mujer, ¿debes entonces rechazar a las mujeres cuando proclamas:
“Por numerosos que sean los seres,
hago el voto de liberarlos a todos”? (2)
Si las rechazas, no eres un bodhisattva. ¿Llamarías a esto “la compasión de los Budas”? Puesto que [los monjes que hacen el voto de no mirar a una mujer] están profundamente intoxicados por el vino de los sravaka (3), esas son palabras estúpidas inducidas por la ebriedad. Los seres humanos y los dioses no deberían creer en [esta cháchara].
Por otra parte, si desprecias a aquellos que han cometido faltas en el pasado, entonces deberías despreciar también a los bodhisattvas. Si desprecias a la gente porque probablemente cometerán faltas en el futuro, entonces deberías despreciar también a todos los bodhisattvas cuya motivación es la realización de la budeidad. Si desprecias a la gente de esta manera, tendrás que despreciarlos a todos.  Entonces, ¿cómo realizarás el Dharma del Buda?
Palabras tales como “hago el voto de no mirar nunca a una mujer” son la cháchara loca de gente ignorante que no entiende el Dharma del Buda. ¡Qué triste!

De acuerdo a dicho voto, Sakiamuni y todos los bodhisatvas del mundo son culpables de haber cometido tal falta. ¿O crees que sus mentes iluminadas son más superficiales que la tuya? Deberías reflexionar sobre esto con calma. Puesto que este voto no existía en tiempos de los ancestros que recibieron la transmisión del Dharma y de los bodhisatvas que fueron contemporáneos del Buda, debes pensar con detenimiento si eso se desprende o no de las enseñanzas del Buda. Si actúas en conformidad con este voto, no sólo no podrás liberar a las mujeres, sino que cuando las mujeres que han realizado el Dharma salgan al mundo para proclamarlo en beneficio de los seres hombres y de los dioses, entonces no podrás ir a escucharlas. Si no vas a escuchar su enseñanza, entonces no eres un bodhisattva; eres un no-budista.
Cuando hoy día reflexionamos sobre el gran país de los Song, podemos darnos cuenta de que algunos monjes parecen haber practicado un largo período de tiempo flotando en el mar del nacimiento y la muerte, contando vanamente los granos de arena en la playa. Por otra parte, hay algunas mujeres que han ido a interrogar a amigos de bien sobre el Dharma y que, después de haber hecho agotadores esfuerzos para seguir la Vía, se convirtieron en guías y maestros de los seres humanos y de los dioses. Tenemos el ejemplo de la anciana que no quiso vender sus rosquillas al maestro Deshan, prefiriendo en lugar de ello arrojarlas al suelo. ¡Qué triste es que, aunque Deshan era un monje varón, había malgastado su tiempo en vano, contando los granos de arena en la playa sin obtener, ni siquiera en sueños, un vislumbre del Dharma de Buda!
Cuando mires un objeto, debes aprender a comprenderlo claramente. Si aprendes a verlo sólo como algo que temer y de lo que hay que huir, estás siguiendo la enseñanza y la práctica de los sravaka hinayana. Si huyes del este y te ocultas en el oeste, te darás cuenta de que en el oeste también hay objetos. Aunque creas que tu huída ha sido beneficiosa, si no comprendes con claridad el asunto, los objetos persisten tanto en lugares lejanos como en lugares cercanos. Cuanto más te alejes de los objetos, mayor será tu apego a ellos.

Escrito en Koshoji el día antes del solsticio de invierno, primer año de la era Ninji.[20 December 1240] por Dôgen
Traducido al inglés por Stanley Weinstein
Traducción del inglés al español de Joaquín López.
Versión definitiva de Dokushô Villalba
Notas
(1). Dogen parafrasea aquí uno de los Vinayas, muy probablemente un pasaje de la Cuarta Sección del Vinaya (Sifen lu, en chino), que dice que un monje es culpable de una falta imperdonable si inserta, con “intención lujuriosa”, su pene en el ano o la boca de un hombre o en el ano, la vagina o la boca de una mujer.
(2). El primero de los cuatro grandes votos que hace el bodhisattva.
(3). Sravakas en sánscrito, se designa así a los seguidores del budismo theravada, cuya meta religiosa es la propia liberación del samsara.
(4). Sobre esta historia véase el capítulos “Shin Fukatoku”del Shôgôbenzô.

La actitud social hacia las mujeres en el tiempo del Buddha
La actitud social hacia las mujeres en los días pre-budistas puede remontarse a la temprana literatura védica, como lo es el Rig Veda. Existe evidencia que señala el honor y el respeto que las mujeres recibían en sus hogares. En el terreno de la religión, también, tenían acceso al conocimiento más alto del Absoluto o Brahma. Sin embargo, tal actitud liberal hacia las mujeres cambió con el paso del tiempo, bajo la influencia y dominio de la casta sacerdotal con sus intervenciones clericales, sacrificios de animales, y otras prácticas ritualistas. Nuevas interpretaciones se dieron a las escrituras. Las mujeres llegaron a ser consideradas ampliamente inferior a los hombres −tanto físicamente como mentalmente.

 La mujer fue considerada como una mera posesión o una cosa. Su lugar era la casa, bajo los absolutos antojos y caprichos de su marido. No sólo debía realizar todos los quehaceres de la casa, sino que también debía criar a una familia grande. Algunos brahmines de la casta sacerdotal se casaron y vivieron con sus mujeres, aún cuando se consideraba que el alimento cocinado por ellas era impuro y no apto para comer. Un mito se construyó −que todas las mujeres eran consideradas como pecaminosas y el único modo de guardarlas de la 'picardía' era mantenerlas ocupadas sin descanso con tareas de maternidad y deberes domésticos.
Monjes budistas rezan durante el festival de Buddha Purnima o Vaisakha en el aniversario del nacimiento de Buda.| Foto: EFE
 Si una mujer casada no tenía hijos o fallaba en producir descendiente masculino alguno, podía ser precedida por una segunda o tercera esposa o incluso expulsada de la casa; existía una fuerte creencia de que debía ser un hijo varón para la continuación de la línea familiar y el funcionamiento de los 'ritos de los ancestros'. La creencia tradicional era que sólo un hijo podía dirigir tales rituales, que, como se pensaba, eran muy necesarios para traer la paz y la seguridad al padre y al abuelo después de su muerte. De otra manera, ellos podrían volver como fantasmas para acosar a la familia. Inciertas eran las vidas de las mujeres casadas. Ni la menor incertidumbre esperaba a las solteras. Como el matrimonio era considerado como un sacramento santo, una muchacha joven que no se casaba era criticada y despreciada por la sociedad.
Una mujer budista reza durante el festival de Buddha Purnima o Vaisakha en el aniversario del nacimiento de Buda.| Foto: AP En el campo de las prácticas religiosas, la posición que alguna vez disfrutaron les fue negada. Se creía que una mujer era incapaz de ir al cielo por mérito propio. No podía adorar sola, y se creía que sólo alcanzaría el cielo mediante la obediencia incondicional a su marido, incluso si él resultaba ser una mala persona. El alimento abandonado por su marido era, a menudo, el alimento para la mujer. Fue en medio de tal discriminación social y actitudes degradantes hacia las mujeres que el Buddha hizo su aparición en India. Sus enseñanzas sobre la verdadera naturaleza de la vida y la muerte −sobre el karma y el vagabundeo samsarico, dieron lugar a cambios considerables en las actitudes sociales hacia las mujeres en sus días.
 De acuerdo con lo que el Buddha enseñó sobre la ley del kamma, uno es responsable por sus propias acciones y sus consecuencias. El bienestar de un padre o abuelo no depende de la acción del hijo o el nieto. Ellos son responsables por sus acciones. Tales enseñanzas cultas ayudaron a corregir las opiniones de muchas personas y, naturalmente, redujeron la ansiedad de las mujeres que eran incapaces de producir hijos para realizar los 'ritos de los ancestros'. En el primer período budista, una muchacha soltera podría salir, no ser abusada, estar contenta y ocuparse adecuadamente del cuidado de sus padres, y hermanos y hermanas menores. Aún podía llegar a ser propietaria de grandes bienes y ricos campos, como lo hizo Subha, la hija de un orfebre, durante el tiempo del Buddha. Pero cuando le fue enseñado el Dhamma por Mahapajapati, Subha comprendió la naturaleza de todos los placeres etéreos y que 'el oro y la plata no conducen ni a la paz, ni a la iluminación', como resultado entró a la orden de monjas. Este acto era un gran favor para con las mujeres solteras.
Budistas rezan durante el festival de Buddha Purnima o Vaisakha en el aniversario del nacimiento de Buda.| Foto: AP
 Las enseñanzas del Buddha hicieron un gran trabajo al extinguir muchas creencias supersticiosas y ritos y rituales sin sentido, incluyendo el sacrificio animal, de las mentes de muchas personas. Cuando la verdadera naturaleza de la vida y la muerte y el fenómeno natural que gobierna el universo les fue revelado, la sabiduría y la comprensión surgieron. Esto a su vez ayudó a detener y corregir las injusticias sociales predominantes y los prejuicios desenfrenados contra las mujeres en los días de Buddha, así se le permitió a las mujeres conducir su propio modo de vida.
Budistas rezan durante el festival de Buddha Purnima o Vaisakha en el aniversario del nacimiento de Buda.| Foto: AP
La naturaleza de las mujeres
 A pesar del que el Buddha elevó el estatus de las mujeres, era práctico en sus observaciones y consejos que daba de tiempo en tiempo, comprendió las diferencias sociales y fisiológicas que existían entre hombres y mujeres. Éstos fueron plasmados en el Anguttara Nikaya y el Samyutta Nikaya. Claramente se mencionaba que el deber de un hombre es su búsqueda interminable del conocimiento, la superación y estabilización de su habilidad y artesanía, la dedicación a su trabajo y su capacidad de encontrar los medios para el mantenimiento y el sustento de su familia. De otra parte fue declarado, de hecho, que era el deber de la mujer cuidar de la casa y de su marido.
Devotos budistas se reúnen durante el festival Vesak en Warana, a unos 46 kilómetros de Colombo (Sri Lanka), para celebrar el nacimiento de Buda.| Foto: EFE
 El Anguttara Nikaya contiene algunos consejos valiosos que el Buddha dio a las jóvenes antes de su matrimonio. Comprendiendo que estaban obligadas a tener dificultades con los nuevos suegros, a las muchachas se les obligaba a dar respeto a sus suegras y suegros, sirviéndolos con amor como a sus propios padres. Se les pedía honrar y respetar a los parientes y amigos de su marido, creando así una atmósfera agradable y feliz en sus nuevas casas. También les aconsejó que estudiaran y entendieran la naturaleza de su marido, averiguaran sus actividades, carácter y temperamento, y fueran útiles y cooperativas en cualquier momento en sus nuevas casas. Debían ser corteses, amables y vigilantes en su relación con los criados y debían salvaguardar los ingresos de su marido y procurar que todos los gastos de la casa fueran correctamente regularizados. Tal consejo fue dado por el Buddha hace más de veinticinco hace siglos, y todavía es valioso en la actualidad.
Una menor budista reza durante el festival Vesak en Warana, a unos 46 kilómetros de Colombo (Sri Lanka), para celebrar el nacimiento de Buda.| Foto: EFE
 Las desventajas y los inconvenientes que las mujeres debían que sufrir en vida también fueron claramente señalados. El sufrimiento y la agonía llevados por una mujer tras la salida de su familia tras su matrimonio, y las dificultades y los problemas que tenía que encontrar en la tentativa de acomodarse en un nuevo ambiente, eran las pruebas y las tribulaciones que debía soportar. Además de estos problemas, las mujeres también estaban sujetas a dolores fisiológicos y sufrimientos durante sus períodos menstruales, el embarazo y el parto. Estos son fenómenos naturales que representan situaciones y circunstancias diferenciales que prevalecen entre hombres y mujeres.
Monjas budistas arreglan las flores de plástico durante la celebración del cumpleaños de Buda o
 Aunque en ciertas secciones del Tripitaka se hicieron algunos comentarios cáusticos sobre las artimañas y el comportamiento de las mujeres, el Buddha en el Samyutta Nikaya, realmente presenta muchos rasgos de redentor: en ciertas circunstancias, las mujeres son consideradas más perspicaces y sabias que los hombres y también son consideradas capaces de lograr la perfección o la santidad después de la entrada en el Noble Óctuple Sendero.
Decenas de devotos hacen oferndas a un monje budista durante la celebración del cumpleaños de Buda o
 La actitud del Buddha hacia las mujeres también puede ser vista cuando la noticia del nacimiento de una hija fue llevada a su amigo el Rey Kosala. El Rey estaba disgustado con las noticias puesto que esperaba un hijo, pero el Buddha, a diferencia de cualquier otro maestro religioso, rindió un tributo ferviente a las mujeres y mencionó ciertas características que adornan a una mujer con las palabras siguientes:
 "Algunas mujeres son, de hecho, mejor (que los hombres). Críela, Señor de los hombres. Hay mujeres que son sabias, virtuosas, que tienen un alto respeto por los suegros y son castas. De una esposa tan noble puede nacer un hijo valiente, un Señor de los Reinos, que gobernará un reino".
Monjas budistas arreglan las flores de plástico durante la celebración del cumpleaños de Buda o
 En la revelación de la naturaleza de las mujeres, el Buddha había advertido no sólo de sus debilidades sino también de sus capacidades y potencial. Incluso, aunque algunas de sus declaraciones puedan parecer bastante desagradables, uno encontrará, mediante la observación cuidadosa, el por qué lo que el Buddha dijo sobre las mujeres en días pasados, generalmente, todavía se sostiene como un buen consejo. Aunque exista en la mayor parte de los países actitudes más cultas y justas que en el pasado y las oportunidades de estudiar e independencia están abiertas a las mujeres, todavía tienen experiencias desagradables: los poderes que poseen, la discriminación que sufren, y los miedos y las celosías de un rival todavía prevalecen.
En la revelación de la naturaleza de las mujeres, el Buddha había advertido no sólo de sus debilidades sino también de sus capacidades y potencial. Incluso, aunque algunas de sus declaraciones puedan parecer bastante desagradables, uno encontrará, mediante la observación cuidadosa, el por qué lo que el Buddha dijo sobre las mujeres en días pasados, generalmente, todavía se sostiene como un buen consejo. Aunque exista en la mayor parte de los países actitudes más cultas y justas que en el pasado y las oportunidades de estudiar e independencia están abiertas a las mujeres, todavía tienen experiencias desagradables: los poderes que poseen, la discriminación que sufren, y los miedos y las celosías de un rival todavía prevalecen.
2.555 Aniversario del nacimiento de Buda.| Foto: AP
Consejo del Buddha a las mujeres casadas
Al aconsejar a las mujeres sobre su papel en la vida de casados, el Buddha destacó que la paz y la armonía de una casa descansan, en gran parte, sobre los hombros de la mujer. Su consejo fue realista y práctico cuando citó un buen número de características cotidianas que una mujer debería o no debería emular. En diversas ocasiones, el Buddha aconsejó esto a una esposa:
 1. No debe abrigar malos pensamientos contra su marido;
2. no debe ser cruel, severa o dominante;
 3. no debe ser despilfarradora, por el contrario debe ser económica y vivir dentro de sus medios;
 4. de manera entusiasta debería proteger y ahorrar la propiedad de su marido y los ingresos bien merecidos;
 5. siempre debe ser virtuosa y casta de mente y acción;
 6. debe ser fiel y no albergar pensamiento alguno de actos adúlteros;
 7. debe ser refinada en el discurso y cortés en la acción;
 8. debe ser amable, aplicada y muy trabajadora;
9. debe ser gentil y considerada hacia su marido y su actitud debe equipararse a la de una madre amorosa y protectora de su hijo;
 10. debe ser modesta y respetuosa;
 11. debe ser serena, calmada y comprensiva, servir no sólo como una esposa, sino también como una amiga y consejera a su marido cuando la necesidad surja.
Budistas rezan durante el festival de Buddha Purnima o Vaisakha en el aniversario del nacimiento de Buda.| Foto: AP
 En el tiempo del Buddha, otros maestros religiosos también hablaron sobre los deberes y las obligaciones de una esposa hacia su esposo, en particular, acentuando el deber de las mujeres de dar un descendiente varón a sus maridos, prestando un servicio fiel, y suministrando felicidad conyugal y dicha divina. Esta visión es también compartida por el Confucionismo. Sin embargo, aunque los deberes de una esposa hacia el esposo fueron establecidos en el código de disciplina confuciano, éste no acentuó los deberes y las obligaciones del esposo hacia la esposa. Las enseñanzas del Buddha no tenían tal tendencia hacia los esposos. En el Sigalovada Sutta, el Buddha claramente mencionó los deberes de un esposo hacia la esposa y viceversa.
 Un esposo debe ser fiel, amable y apacible. Es deber del esposo entregar la autoridad a su esposa y de vez en cuando, proveerle adornos.
Otros consejos útiles fueron dados a las mujeres en diferentes ocasiones y bajo circunstancias diferentes.

FUENTE: http://dokushovillalba.blogspot.com/2010/06/la-mujer-en-el-budismo-segun-eihei.html
 Kulananda, Budismo, Windhorse Publications.
http://mujeresbudistasinvueltas.blogspot.com/2011/01/ancestras.html
http://latinoamericana.org/2003/textos/castellano/budismo.htm
http://www.concienciasinfronteras.com/PAGINAS/CONCIENCIA/Lopez_mujer.html
http://www.dhammadharini.net/resources-for-bhikkhuni-sangha-and-women-in-buddhism/espanol/articulos-de-interes/status-mujeres-budismo
http://www.lostiempos.com/multimedia-galeria-detalle.php?id_galeria=874&base=2011#14





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