viernes, 30 de diciembre de 2011

SOLTAR, LIBERAR, PERDONAR, ENCONTRAR LA PAZ…


En nuestra vida tenemos ataduras que no nos dejan evolucionar, son como sogas que nos mantiene cerca del suelo y no nos dejan volar.
Son recuerdos, experiencias, sentimientos, anhelos incumplidos, frustraciones que nos van pesando y no nos permiten disfrutar plenamente de nuestra vida y de vivir el “aquí y ahora” ya que hace que nuestras mentes estén como “enganchadas” consiente o inconscientemente con esas situaciones que forman parte del pasado cercano o lejano pero pasado al fin y que ya no tiene solución o por lo menos no hay manera de cambiarlas.
Si pudiéramos perdonar encontraríamos que la felicidad es posible, pues unes, sana, libera, calma el dolor espiritual, abre puertas, descubre un interior mío que no conocía, me permite vivir en el presente, por lo tanto me hace conectar con la realidad, con el “aquí y ahora”…
Hay que comenzar a entender que la ofensa, el fracaso, el dolor pertenece al pasado. Solamente si  “los libero y los dejo ir” podré abrirme a este momento, sin un pasado que lo distorsione.  No hay que encadenarse al pasado.


Los sentimientos están provocados por los pensamientos. Lo que hacen los otros sucede en el exterior, no me daña si no le doy entrada. Yo soy quien maneja la puerta de mi interior. Es mi propio pensamiento lo que me lastima.
Hay un dicho popular que dice “hay que tomarlo como de quien viene” y se refiere a los actos, palabras y pensamientos de los demás. Seguramente que algunas actitudes nos lastiman más que otras de acuerdo a quien sea su autor. Pero igualmente nosotros somos quienes tenemos el poder de que nos lastime o no el accionar de los demás.
Yo puedo elegir entre vivir conflictuado y lleno de miedo y rencor o vivir en paz y sin remordimiento.
Debo entender que “el mundo no está en mi contra”, que nos soy la victima de los demás o de esta vida.
 Si tengo voluntad de perdonar y de dejar ir puedo aprender mucho sobre mí mismo.Cuando la conducta de alguien me altera o me duele, me pregunto qué pensamientos sobre mi o sobre el mundo se están viendo afectados. Asi puedo amarme y aceptarme como soy, amar y aceptar al otro también como es,  dejar de ser “víctima”, y aumentar mi nivel de conciencia y lucidez.
     Perdonar, soltar, dejar ir, liberar es…
Es quitar las barreras que impiden que el amor fluya dentro de mí y hacia los demás.
 Es soltar las expectativas que tuviera sobre otra persona, para amarla y aceptarla como es.

Es comprender en lugar de juzgar.
Es reconocer que soy el director de mi vida; que soy yo quien decido cómo me quiero sentir.
Es aumentar mi nivel de conciencia.
Es soltar el pasado para vivir plenamente el presente.
Es soltar la “ofensa” y el “dolor” porque no me vale la pena retenerla.
El perdón no sólo es necesario para la salud espiritual de la persona, sino para la salud integral.
Esta comprobado científicamente que el dolor, el rencor, el fracaso, la ira y la furia enferman y  puede desembocar en una baja de defensas y de allí a cualquier enfermedad, desde HIV hasta cáncer.
Médicos eminentes como Carl Simonton, Bernie Siegel, y Gerald Jampolsky, entre muchos otros, así lo sostienen: cuando no se perdona, la energía adversa generada por el rencor, impide que el sistema inmune funcione y se hace más difícil mantener o recuperar la salud.
Cuando la muerte llega, el perdón adquiere una relevancia especial. Es la diferencia entre soltar el lastre y liberarse o permanecer encadenado. Y se aplica tanto al que muere como al que vive la muerte de un ser querido. Esto lo he aprendido tanto de mis vivencias personales como del contacto que he tenido con personas en proceso de muerte y sus familiares.  He visto la enorme importancia.  De perdonar al que se está yendo, incluso perdonarlo por   morirse y dejarnos, para facilitarle así, a él y a nosotros, su partida.            
* De perdonarme  también a mí y a otros por permanecer vivos.
* De perdonar a los que hace tiempo murieron.
* De perdonarme a mi misma en mi relación con la persona que está muriendo  o murió.
* De perdonar a la “causa” de la muerte: Dios, la enfermedad, el asesino, el suicidio, la situación angustiosa, el médico.
* De perdonar la diferente manera de vivir el duelo de cada miembro de la familia o de los amigos.
* De perdonar a la vida por desatenta y a la muerte por intrusiva….
 En mi experiencia he visto que hay factores que suelen dificultar el que la muerte se acepte en paz y el que se den los perdones que antes mencioné. Por ejemplo:
*Mis expectativas inconscientes de que el ser querido viviera junto a mí para siempre, o por lo menos más tiempo, o hasta que sucediera tal o cual acontecimiento
*Mi interpretación de lo que quien murió dejó sin terminar. 
*Ver la muerte del otro desde mi punto de vista, creyendo que coincide con el de quien murió.
 Ver la muerte por la ventana del miedo, de la extinción total, del castigo, de la separación.
Centrarme en mi y no en el que muere; más en mi dolor por su ausencia que en su bienestar.

La culpa: de lo que hice y de lo que no hice, del tiempo perdido, de las oportunidades dejadas pasar, de las palabras dichas, o las calladas, de lo que ya no fue ni podrá ser.
Haber entregado las llaves de mi interior: creer que la persona muerta tiene el poder de hacerme feliz o infeliz, de darle o quitarle sentido a mi vida. Creer que no puedo ser "yo" si él o ella no están… Cuando tengo con otra persona una relación de dependencia, creo que mi bondad y razón de ser radican en atenderla, darle, proporcionarle algo, o en que me atienda y dé a mí. Y si ese alguien desaparece, es como si mi bondad y sentido de ser desaparecieran también, como si yo sola no pudiera salir adelante.


Juzgar a la muerte injusta y sentirme su víctima: porque no cerré el ciclo a tiempo, porque ya no lo podré hacer, porque no logro perdonar ni perdonarme, porque necesito al otro y dependo de él.
También he visto que hay factores que allanan el camino, facilitan vivir en paz la muerte propia o ajena, facilitan perdonar, e incluso propician  el que ni siquiera se necesite el perdón:
* Descubrir que vida y cuerpo no son lo mismo. Que la vida no se extingue cuando el cuerpo se apaga. Que nuestra esencia es una energía amorosa que rebasa tiempo y espacio.
·    Vivir desde el amor y no desde el miedo.
·    Vivir plenamente el presente,  de manera que no me queden asuntos pendientes.
·    Vivir mi vida, no la del otro. Y dejar que él viva la suya.
·    Ejercitar habitualmente el perdón con este enfoque de comprender, aceptar sin juzgar, saberse unidos, crecer...
·    Vivir relaciones de amor, no de dependencia, con una clara autoestima.  De esta manera reconozco que soy valioso y que puedo dejarte ir y seguir siendo yo.
·    Vivir en la confianza de que sigo unido a mí ser querido porque lo llevo dentro y no hay verdadera separación.
  Perdonar a las demás personas es darle la oportunidad a nuestro corazón de encontrar la tranquilidad. Perdonar es aceptar que la felicidad se manifieste en nuestra alma y estar dispuesto a aceptar a los demás tal como son.
 Perdonar tiene como único propósito sacar del corazón esos enojos que nos ahogan.
El perdón es para beneficio mío, no es para beneficio de la persona que me provocó la molestia. Si pienso que tengo una pelea con otro, y perdonar es aceptar la necedad del otro y yo perder la pelea, entonces estaré muy alejado del verdadero propósito del perdón y será necesario volver a replantear su significado.
 Perdonar no es para quedar bien, perdonar no es para darle la razón al otro, perdonar no es para que vean que soy buena persona, perdonar no es para aceptar perder una pelea, perdonar no es para hacer sentir bien a otra persona… Perdonar es para sacar del corazón esos enojos que nos atormentan en mayor o menor medida. Es el único propósito, no hay otro.
 Perdonar es dejar atrás lo que sucedió en el pasado y ver el ahora con un nueva cara. Perdonar no necesariamente es olvidar, pero si aceptar que lo que nos hicieron fue provocado por un enojo innecesario de la otra persona y que yo no debí haber atraído a mí en ese momento. No es ignorar ni desquitarse, es solamente comprender que de las experiencias del pasado nace un nuevo ser en futuro a través de la madurez del presente.
 Algunas veces que recordemos el daño que nos hizo esa persona, es probable que nos enoje, que nos haga sentir mal, pero si cada vez que recordemos este momento dejamos de darle vueltas en nuestra mente y comprendemos que esta persona también se hizo daño, entonces estaremos dando los primeros pasos para comprender que es necesario perdonar. Es necesario no darle energía a esos pensamientos negativos que nos lastiman.
 Perdonar es vernos sólo a nosotros mismos y querer superarnos a nosotros mismos. Es dejar de desquitarse, es dejar de vengarse, es quitar de la mente el daño que nos hizo esa persona.
 Si logramos comprender éste propósito, lograremos comenzar a comprender que, cuando decidamos perdonar, no necesitaremos decirle a la persona que nos dañó que la vamos a perdonar, porque el perdón es sólo para beneficio nuestro.
 Cuando alguien hace algo que nos causa daño, el daño fue causado porque tocó una herida en nosotros, nos duele, nos enojamos, y mantenemos el enojo por horas, días, meses, años… o por siempre. La reacción de la otra persona fue sólo por reflejo, sólo reaccionó. Posiblemente la otra persona ya no se acuerda lo que pasó, posiblemente la otra persona hasta ni hace caso a nuestras reacciones, mientras nosotros nos llenamos de rencor y amargamos nuestro corazón.

 Sea quien sea la persona que provocó el enojo en nosotros, no tiene caso mantener ese sentimiento en nosotros si está causándonos daño y nos está alejando de la libertad interior. No tiene caso castigarme porque otro se portó mal. Su comportamiento sólo fue el reflejo de su herida interna, y si no perdono es porque creo que “perdonar es perder”.
Perdonar es aceptar que la paz llegue a nuestro corazón, cuando no perdonamos bloqueamos nuestro corazón para no recibir bendiciones de la vida y rechazamos la felicidad. Perdonar es el inicio de la libertad interior y la aceptación de los sentimientos positivos en nuestra alma.
 A ponerlo en práctica:

Pensa en cada persona que consideres que te ha hecho daño, pensa en tus padres, hermanos, hijos, pareja, amigos, jefes, compañeros de trabajo, vecinos…Luego deci: “Si lo perdono, no pierdo ni gano, sólo doy paz a mi corazón. Perdonar es sólo para mí, no es para los demás. No necesita saber nadie que ya te perdoné, sólo necesito saber que acepté que la paz entre en mi corazón. Y si mi corazón me dice que te diga que te perdoné, entonces lo haré.”

Utiliza este método para las meditaciones, recorre uno a uno a quienes en el pasado cercano o lejano te han hecho sentir desdichado, te han ofendido, te han maltratado y luego soltalo, liberalo, perdónalo….te aseguro que la paz comienza a entrar en tu corazón y la felicidad se hará evidente en ti vida de hoy en el “ayuí y ahora”…
Achtli Bayardi Rosas DICE: “Existen tres pasos muy importantes para la superación de uno mismo.
La primera es: PERDONAR, de corazón. ¿Cómo saber que lo has hecho? Porqué en tu interior no hay rencores ni remordimientos y puedes dar una segunda oportunidad, cuando ves el interés de la persona que te lastimó. Si esa persona no pide una segunda oportunidad y solo pide tu perdón, no hay que sentirse mal, puesto que al menos reconoció que cometió un error, es de humanos hacerlo y el hecho de que alguien no te quiera como uno quisiera, no significa que no te quiera. Pero si esa persona no pidiera perdón, hay que dárselo de todas maneras, puesto que el perdonar purifica tu alma y hay que pensar que, a pesar de lo que haya pasado, esa persona te hizo sentir la persona más feliz de este mundo y te hizo pensar que no te faltaba nada. Durante algún tiempo así fue y es eso lo que nos tenemos que llevar, lo bueno de las cosas y nunca lo malo, puesto que lo malo solo hay que retenerlo en la mente como experiencia y aviso de no volver a cometer el mismo error. Con esto no me refiero a que el amar y entregarlo todo sea un error, sino que a veces hay que tomar tus debidas precauciones y conocer bien a la persona, antes de decidir regalarle tiempo de tu vida y reservarle un lugar especial en tu corazón.
Perdonar es difícil, cuando tienes que hacerlo con alguien más que indispensable en tu vida. Pero no es imposible. A veces, cuando amamos decimos, te perdono, pero en realidad lo decimos porque seguimos cegados por su amor. Eso no es perdonar. El perdonar toma tiempo, perseverancia, sufrimiento, pero llega un día en que te acuerdas del dolor causado en el pasado y en el presente ya no te duele. Eso, es perdonar. Algunas veces, a quienes tenemos que perdonar es a nosotros mismos. No seamos tan crueles con nosotros, equivocarse es de humanos y si esa persona era para ti, te sabrá perdonar y si no puede hacerlo, algo mejor te espera, no te lastimes con el pasado, ni temas al futuro, mejor aprovecha el presente.
DECIR ADIOS es lo peor que te puede pasar cuando tú no quieres decirlo. Pero no puedes retener a las personas junto a ti, condenándolas a la infelicidad. Cuando amas a alguien deseas su bienestar cierto?  Entonces, no lo condenes a esa vida efímera y rutinaria. Si es lo mejor para esa persona, tienes que aceptarlo, dejarlo ir y pedir porque le vaya bien en su vida. A veces, es mejor decir adiós de tal manera, que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos y no seguir con una relación destinada al fracaso, en la que ambos resultaran lastimados. Saber decir adiós a tiempo, es lo que muchas veces tenemos que aprender, porque a veces afectan a terceras personas. Piensan que no se dan cuenta, grave error: son los que más pueden ver las cosas, por eso es mejor la separación en muchas ocasiones. Recuerden que, para que querer alcanzar la luna, si podemos alcanzar las estrellas. Lo que quise dar a entender, es que hay que buscar siempre las cosas grandes y no las pequeñas, lo imposible y no solo lo improbable, porque quien no suena, nunca logra nada significativo en su vida, piénsenlo porque es mejor una palabra a tiempo que cien a destiempo.

OLVIDAR, el último paso y el más difícil. En el momento, nos sentimos morir y pensamos que jamás podremos olvidar. Grave error, porque nosotros podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos. Muchas veces, cuando no podemos olvidar a alguien y ya ha pasado más de un año, es porque no queremos hacerlo y nos aferramos a su recuerdo por razones que a veces hasta nosotros mismos desconocemos. El querer es poder, en el momento en que decidan dejar de sufrir por alguien que no lo hace por ti, en ese mismo instante empezaras a olvidar, porque estoy consciente de que no es algo que puedas hacer de la noche a la mañana. Es un enorme camino que recorrer, pero aunque a veces no le encontremos fin, si lo tiene, por eso les recomiendo hacer lo que yo: dos pasos para adelante y uno para atrás, porque por más que queramos, en el proceso vamos a tropezar infinidad de veces, lo importante es que avances más de lo que retrocedes y que no te pierdas en el camino. Ya que es como una tortura el camino del olvido, porque nos reprochamos cosas que no tienen coherencia y nos cuestionamos tantas cosas, que nunca nadie nos va poder responder. Solo estamos perdiendo nuestro tiempo, con el simple hecho de pensarlas.
Lo mejor que podemos hacer, es arrojar los porqués al viento y seguir adelante, no hay que permitir estancarnos por pequeñeces, piensen que lo mejor aun no viene y espera por nosotros. OLVIDAR es una palabra que deseamos no usarla nunca, pero desgraciadamente hay que hacerlo. Por eso, cuando tenemos a alguien que amamos, no hay que ponernos limites, hay que disfrutar cada instante que pasamos a su lado, porque nunca sabes cuando será la ultima vez, hay que entregar lo mejor de nosotros, de tal manera que cuando llegue a su fin, no nos arrepintamos de nada.
PERDONAME, DIME ADIOS Y OLVIDAME Es difícil y duro, pero ni eso nos derrota, puesto que a pesar de los fracasos, seguimos de pie.”

CONCEPCIONES FALSAS SOBRE EL PERDÓN: 1. Perdonar es olvidar.
2. Identificar el perdón con la negación.
3. Identificar el perdón con una acción exclusiva de Dios.
4. Identificar el perdón con la renuncia a que se haga justicia.
5. Creer que perdonar es volver a la situación que se vivía antes.
6. Identificar el perdón con la justificación.
7. Identificar el perdón con no cambiar mi comportamiento con la persona

 Rodrigo Joaquín del Pino reflexiona acerca de este tema:
 “Quizá pocas personas vivencian la plenitud del momento presente, pero muchas están creando el ambiente para hacerlo. Los instantes de quietud nos posicionan como observadores imparciales dentro del drama en el espacio-tiempo. Encontramos nuestra identidad real en un instante de quietud, lo cual demuestra una contraposición con las imágenes articuladas por el ego acerca de nosotros mismos, por eso es necesario soltar esas imágenes. El ego inventa el futuro a través del deseo y fabrica el pasado a través del lamento. Pero ni el pasado, ni el futuro existen en verdad, son sólo presentes recordados o anhelados.
Pensar, sentir y desear son facultades de la mente menor. La mente mayor no está asociada a los sentidos del cuerpo. Aunque pensar, implica estar en el pasado, es difícil reconocerlo. Nos resulta arduo comprender que nuestra mirada convoque ineludiblemente al pasado. Aun así, estar en el momento presente, y sentir ese instante, requiere soltar pensamientos de separación como una práctica constante. Nuestra mirada está construida a través de numerosas asociaciones subconscientes que nos llevan a registrar formas, colores y demás patrones que hacen de todo el conjunto, un recuerdo. Es por eso que no pensar nos relaja, y al principio de la práctica la persona se duerme. 

El silencio nos remonta a un estado desconocido pero de insondable paz. Mirar este mundo y declarar “no entiendo nada”, nos abre los portales a un nuevo reino, sin límites. Aunque vamos contactando con un torbellino de pensamientos atrasados, un ser profundo parece darnos la bienvenida. En ese estado el ego ya no puede etiquetar ni nombrar a los objetos como antes. Hay una ciencia en Oriente que enseña por medio de la repetición de mantras (sílabas sagradas) a salirnos del tiempo lineal y su condicionamiento. El libro Un curso en milagros nos brinda una guía invaluable para el desasimiento del ego. La idea detrás de los sistemas de meditación tradicionales es soltar las creencias fabricadas por el ego y así limpiar las estructuras de pensamiento basados en el temor.
Las sensaciones de temor, culpa o ira deben ser liberadas por nosotros a través de la observación detenida y una aceptación profunda en la calma de nuestros días. Pero en general, nuestro ego cubre con placeres efímeros estas sensaciones que vienen del pasado, o las sostiene día tras día justificándolas como preocupaciones “razonables” dentro de un mundo de supervivientes. No las enfrenta en la mente para verlas, aceptarlas y liberarlas. De esta manera, las asentamos y nos demostramos que son reales y temibles. Esta evasión en nuestra mente permite que se sigan manifestando realidades o sucesos que son exactamente aquellos que no queremos y que luego criticamos duramente en el mundo.
El ego emite constantemente declaraciones para tapar la verdad más obvia: “Tienes todo y no necesitas más que reconocer tu compleción o abundancia”. El ego busca completarse con cada compra, con cada relación, con cada ganancia y con cada mención, pero nunca lo logra. Esto sucede porque el ego fue engendrado justamente como portavoz de la ilusión de escasez y de la creencia de haber ofendido a Dios. Así que buscar la felicidad en el mundo que ve el ego es la mejor garantía para la infelicidad.
Somos completamente nosotros cuando soltamos todas las conductas defensivas, aprendidas en el mundo de los egos. Tenemos una real experiencia de quienes somos cuando soltamos todos los significados viejos de la mente y nos sentimos bien sin causa aparente. Para algunos muy adheridos a lo falso, soltar les puede causar vértigo e incomodidad, pero sólo hasta que tomen experiencia. En verdad, las defensas del ego únicamente nos ocultan de la luz radiante de nuestra impecable identidad real, ahora velada por una culpabilidad inventada.”   

La escalera hacia el olvido y el perdón
1. Reconoce tus sentimientos aunque sean súper dolorosos, hacer como que no los sientes es muy dañino. Date la oportunidad de experimentar la tristeza y enojo verdaderamente y verás que con el tiempo la intensidad de estas emociones disminuye.
2. Recuerda que todos cometemos errores y aunque creas que tú jamás hubieras lastimado así,  han existido momentos en tu vida en los que has sido egoísta y has causado dolor a otras personas, aunque haya sido sin intención. Lo que pasó, probablemente, fue un error de la persona y jamás quiso lastimarte.
3. Libera tu resentimiento y entiende que fijarte en el enojo y la tristeza te daña a ti más que a nadie -incluyendo a la persona que te lastimó-. Es mucho más importante que te concentres en ser feliz y no en aferrarte a que alguien te hizo daño.
4. Date un espacio porque aunque aún ames a la persona y no quieras terminar con él, necesitas estar sola por un tiempo para entender las cosas, ver el problema desde afuera y experimentar el proceso. Pensar claramente es difícil si la persona que te lastimó está contigo todo el tiempo.
5. Ponte en su lugar aunque sea lo más difícil que tengas que hacer en tu vida, pregúntate si puedes ver por qué hizo lo que hizo. No tengas miedo: que encuentres la explicación no significa que sus acciones se justifiquen, y el entendimiento te liberará de las dudas que circulan por tu mente.
6. Deja ir el pasado, aunque llores y grites y vuelvas a llorar, lo que pasó no puede cambiarse, no importa cuánto quieras que no hubiera ocurrido. Concéntrate en qué vas a hacer a partir de ahora.
7. Recuerda que nada es imperdonable y esto no significa que tengas que seguir tu relación con alguien que te lastimó si tú no quieres. Lo que quiere decir es que siempre eres capaz de perdonar, por más horrible sea tu dolor hoy, el tiempo cura cualquier herida y pronto volverás a ser feliz.
SOLTAR AMARRAS
Aquí dejo todo lo que me hace daño.

Es tiempo de ser más fluido con la gente, conmigo misma.

Es momento de dejar ir, de permitir que el viento me despeine
y me sacuda; que se lleve el resentimiento,
que mi alma perdone deudas y deudores.
Es tiempo de que me perdone a mi misma, ya me reté bastante.
Fueron muchas las piedras que yo misma puse en mi camino; puentes dinamitados.
Para autocastigo ya estuvo bien;
elijo el camino de la aceptación;
es más barato.
Acepto y entiendo que merezco empezar de cero,
con el alma transparente, y espíritu tranquilo.
En mi vida a partir de ahora, lo que ha de ser, será.
Entiendo que por más que me angustie, no agregaré centímetros a mi estatura.
Es hora de levar anclas...
De liberar cosas, de soltar gente.
Nadie tiene que ser como yo quiera; así están perfectos.
Así ha funcionado hasta este momento su vida. ¿Qué mejor prueba podría pedir para convencerme?
Me dedico a atender lo mío, a refundarme.
Viene bien tirar lo que ya no sirve, perdonarme.
Entre ser feliz y tener razón, elijo lo primero. Tener razón es el peor de los desgastes,
pues te quita el sueño intentando corregir el universo.
Es hora de solar amarras, de confiar en el universo y menos en la apariencia de este mundo convulso.
Me dejo ir. La vida me conduce.
Quiero comenzar de nuevo con un corazón joven, que brinque con los cantos que anunciará el día
Como cuando éramos niños, ¿te acuerdas?
Un alma que sea capaz de asombrarse con el amarillo de los girasoles,
de ver en el cielo, un milagro pintado de azul y no sólo un día más, llano y simple.
Es tiempo de solar amarras y maravillarme. He estado demasiado ocupada para ver las estrellas.
Elijo mirar la sonrisa del sol. Elijo abrazar al aire. Me ama lo suficiente, se me dió la facultad de la alegría.
Elijo controlar a mis propios demonios.
Es más... he decidido darles vacaciones.
Es tiempo de soltar amarras, de levar anclas
de dejarme en paz...
De tanto pelear conmigo misma se me estaba olvidando
a que sabe la sonrisa.
A partir de ahora quiero ser más justa,
la vida no es un tablero de ajedrez
ni las personas caballos o alfiles
Trato a la gente como me gustaría que me trataran.
Si algo nos debemos, te ofrezco un abrazo, te pido una disculpa. Yo ya me perdoné.
¿Podrías hacerlo tú también?. Yo te invito.
Renovación es una palabra muy comprometedora, ¡te obliga a caminar sin excusas!
Sin nadie a quien echarle la culpa. Pero definitivamente es el camino al cielo.
Nada es casualidad, no hay accidentes en el mundo de la voluntad.
Por eso, sea cual sea la razón por las que estés leyendo estas líneas,
elijo creer que el universo nos permitió crear este lazo,
aún cuando ni siquiera nos hayamos visto.
Elijo creer que estamos dispuestos a sembrar sonrisas en nosotros mismos y en la gente.
Te deseo ahora y siempre, estés lleno de bendiciones.
Si sueltas tus amarras, tendrás el corazón libre
para recibirlas con mucho amor.
Nicoletta Ceccoli Corvi
 
FUENTES:

http://www.lalibertadinterior.com
http://www.cecura.org.mx/
http://humanodivino.com/
http://labuenanoticiadeillescas.blogspot.com/
Publicado en El Ciudadano el sábado 16 de julio: http://www.elciudadanoweb.com/?p=242286
Rafael Zárate M. Extracto del libro: “Sanación”
http://www.facebook.com/LaberintoDeLuz?sk=wall#!/LaberintoDeLuz
http://www.estampas.com/2010/12/04/tem_arti_perdonar-es-sanar_2108844.shtml
http://feminalaredo.com/?p=4675



1 comentario:

  1. Hermoso..he quedado sin palabras, cuanto tiempo he desperdiciado llenándome de rencor, tristeza y sufrimiento..ahora me doy cuenta que solo yo he sido la esclava del pasado y el daño me lo he autoinfringido...gracias..

    ResponderEliminar