LOS PENSAMIENTOS EN LA MEDITACION

El camino del yoga es largo; cada palmo de terreno ha de ser conquistado venciendo
una gran resistencia, y no hay ninguna cualidad más necesaria al sadhaka que una
paciencia y una perseverancia sin fluctuaciones junto con una fe inquebrantable que
como puede, admitir un progreso y un cambio radicales, porque eso la sujetaría a algo
superior y le impediría ejercer su soberanía en su propio campo, en su imperio separado.
Por esto la transformación es un proceso tan largo y difícil.
Por esto la transformación es un proceso tan largo y difícil.
La mente se entorpece porque su base inferior se apoya en la mente física y en su
principio de inercia o tamas, pues en la materia la inercia es el principio fundamental.

El éxtasis o samadhi es un medio de escape; el cuerpo se sosiega, la mente física se
adormece; la consciencia interior queda libre para proseguir sus experiencias. El
inconveniente consiste en que el éxtasis resulta indispensable, y el problema de la
consciencia de vigilia sigue sin resolver, pues ésta permanece imperfecta.
Hay varias maneras de vencerla. Una de éstas es la de contemplar los pensamientos sin aprobarlos y, observando la naturaleza de la mente humana tal como sus pensamientos la revelan, dejar que poco a poco vayan desapareciendo. Éste es el sistema recomendado por Vivekananda en su rajayoga.
Otro procedimiento es el de contemplar los pensamientos como si no fueran propios, el de convertirse en el purusha-testigo que se mantiene detrás y no da su consentimiento.
Los pensamientos son considerados como cosas procedentes del exterior, de la prakriti, y hay que sentirlos como transeúntes que cruzan el espacio mental, con los cuales no se tiene ninguna relación ni despiertan el menor interés. De esta manera, después de un cierto tiempo, la mente se divide generalmente en dos partes: el testigo mental que observa, mientras permanece perfectamente impasible y sosegado, y el objeto de la observación, la prakriti, por la que cruzan, errantes, los pensamientos. Después de lo cual, se puede empezar a tranquilizar o a silenciar también esa otra parte.
Hay, por último, un tercer método, activo, en el que uno se esfuerza en ver de dónde

rechazarlos completamente, antes de que puedan entrar. Este procedimiento es tal vez el más difícil y no todo el mundo puede practicarlo; pero si se puede seguir, es el camino más corto y el más eficaz hacia el silencio.
FUENTE: EXTRACTO DEL CAPÍTULO III “EN DIFICULTAD” LAS BASES DEL YOGA DE SRI AUROBINDO
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