Son las posturas de las que se sirve el yogui para la práctica de la meditación (la postura perfecta, la postura del loto, por ejemplo), y aunque también aportan beneficios físicos (fortalecen la pelvis y el hueso sacro, dotan de flexibilidad a las articulaciones de las piernas, etcétera), son las más apropiadas para estabilizar el cuerpo e inmovilizarlo y mantener la espina dorsal y la cabeza erguidas. Se vienen utilizando desde hace siglos para la práctica de la interiorización y la meditación.

El doctor Lohmann declara que «estos ejercicios de hatha-yoga no sólo son útiles para finalidades higiénicas (físicas y psíquicas), funcionales o estéticas -es decir, para la conservación de la salud, obtención del equilibrio y prolongación de la juventud-, sino que también pueden ser usados con fines terapéuticos, o sea, para eliminar trastornos y combatir afecciones o predisposiciones mórbidas, desde la ansiedad hasta las distonías neurovegetativas, de la mala digestión a la constipación, del insomnio a las desviaciones de columna vertebral, etcétera».
Todas las posturas favorecen el aparato locomotor. La doctora Ángela Corral -durante muchos años ella misma practicante de yoga- explica: «Las posturas del yoga son de gran utilidad para los problemas de rigidez de columna, así como la relajación y la respiración lo son para los pulmones y el corazón, que sufren por esa rigidez de columna esanquilopoyética, porque es como si dichos órganos se hallaran en una coraza, sin la suficiente capacidad de expansión.

Sukhâsana (Postura
fácil o postura del sastre)
Siddhâsana (Postura de los seres realizados o postura perfecta)
Sentados sobre el cojín de meditación, cruzamos las piernas buscando que la planta del pie derecho esté en contacto con la parte interna del muslo contrario. El talón se mantiene cerca del perineo. El pie izquierdo se situará delante del pie derecho. Los tobillos están superpuestos y las piernas ampliamente separadas con ambas rodillas en contacto con el suelo.
Ardha Padmâsana (Postura
de semiloto o Postura de Brahma o Brahmâsana)
Padmâsana (loto)
Estas cuatro posturas meditativas son fácilmente asequibles para un oriental y, en cambio, pueden resultar difíciles para un occidental. No forzarnos para colocarnos en la posición del loto, no es necesario. Si hay problemas para mantener estas cuatro asanas descritas podemos optar también por otras posiciones, si nos tienen que aportar más comodidad y la misma sensación de verticalidad y enraizamiento, por ejemplo Vajrasana (Postura del diamante) en la que nos sentamos sobre los talones e incluso podemos poner el cojín de meditación entre nalgas y piernas, o entre las piernas. En último término, si el practicante no puede sentarse en el suelo lo puede hacer en una silla, intentando no apoyarse en el respaldo y sentarse en la parte de delante del asiento, los pies deben estar bien apoyados en el suelo, planos y paralelos.
Por otro lado una vez nos sentamos en meditación es aconsejable empezar por una rápido recorrido corporal de observación, es decir, observamos como hemos colocado el cuerpo sobre el cojín, como hemos distribuido el peso, los ejes, para que la posición sea sólida y al mismo tiempo al visualizar todo nuestro cuerpo buscamos donde podemos soltar tensión. Una vez sentimos que la posición es estable podemos iniciar la práctica.
Vajrasana
Utilización de banquillo de meditación
Colocación corporal en una silla
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