jueves, 11 de agosto de 2011

LAS BASES DEL YOGA

LOS PENSAMIENTOS EN LA MEDITACION
Siempre hay, en los comienzos, dificultades y obstáculos para el progreso, y, hasta que el ser no está a punto, un retraso en la apertura de las puertas interiores. Si cada vez que meditas, sientes la quietud y los destellos de la Luz interior, si la atracción interior adquiere tal intensidad que la influencia exterior decrece y las perturbaciones vitales pierden su fuerza, eso constituye ya un gran progreso.
El camino del yoga es largo; cada palmo de terreno ha de ser conquistado venciendo
una gran resistencia, y no hay ninguna cualidad más necesaria al sadhaka que una
paciencia y una perseverancia sin fluctuaciones junto con una fe inquebrantable que
permanezca firme a través de todas las dificultades, retrasos y fracasos aparentes.
 Esos obstáculos son frecuentes en las primeras etapas de la sadhana; son debidos a que la naturaleza no es todavía suficientemente receptiva. Es preciso que descubras si el obstáculo se esconde en la mente o en el vital y trate de ampliar la consciencia en ese punto, de procurarle más pureza y paz, y, en esta pureza y esta paz, ofrecer al Poder divino sincera y totalmente esa parte de tu ser.
 Cada parte de la naturaleza quiere seguir con sus viejos movimientos y rehúsa, tanto
como puede, admitir un progreso y un cambio radicales, porque eso la sujetaría a algo
superior y le impediría ejercer su soberanía en su propio campo, en su imperio separado.
Por esto la transformación es un proceso tan largo y difícil.
La mente se entorpece porque su base inferior se apoya en la mente física y en su
principio de inercia o tamas, pues en la materia la inercia es el principio fundamental.
Una constante o larga continuidad de experiencias superiores produce en esta parte de la mente una sensación de agotamiento o una reacción de incomodidad o de torpeza.
El éxtasis o samadhi es un medio de escape; el cuerpo se sosiega, la mente física se
adormece; la consciencia interior queda libre para proseguir sus experiencias. El
inconveniente consiste en que el éxtasis resulta indispensable, y el problema de la
consciencia de vigilia sigue sin resolver, pues ésta permanece imperfecta.
 Si la dificultad durante la meditación consiste en la intrusión de pensamientos de todas clases, eso no es debido a las fuerzas hostiles, sino a la naturaleza ordinaria de la mente humana. Todos los sadhakas se encuentran con esta dificultad, y a muchos les dura muchísimo tiempo.
Hay varias maneras de vencerla. Una de éstas es la de contemplar los pensamientos sin aprobarlos y, observando la naturaleza de la mente humana tal como sus pensamientos la revelan, dejar que poco a poco vayan desapareciendo. Éste es el sistema recomendado por Vivekananda en su rajayoga.
Otro procedimiento es el de contemplar los pensamientos como si no fueran propios, el de convertirse en el purusha-testigo que se mantiene detrás y no da su consentimiento.
Los pensamientos son considerados como cosas procedentes del exterior, de la prakriti, y hay que sentirlos como transeúntes que cruzan el espacio mental, con los cuales no se tiene ninguna relación ni despiertan el menor interés. De esta manera, después de un cierto tiempo, la mente se divide generalmente en dos partes: el testigo mental que observa, mientras permanece perfectamente impasible y sosegado, y el objeto de la observación, la prakriti, por la que cruzan, errantes, los pensamientos. Después de lo cual, se puede empezar a tranquilizar o a silenciar también esa otra parte.
Hay, por último, un tercer método, activo, en el que uno se esfuerza en ver de dónde
vienen los pensamientos, y se descubre que no proceden del interior, sino de fuera de la cabeza, por así decirlo. Si uno logra descubrirlos cuando están viniendo, debe
rechazarlos completamente, antes de que puedan entrar. Este procedimiento es tal vez el más difícil y no todo el mundo puede practicarlo; pero si se puede seguir, es el camino más corto y el más eficaz hacia el silencio.
FUENTE: EXTRACTO DEL CAPÍTULO III “EN DIFICULTAD” LAS BASES DEL YOGA DE SRI AUROBINDO

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