viernes, 5 de agosto de 2011

NO VIOLENCIA

Necesidad cotidiana de la no violencia.
Ahimsa, concepto hindú traducido habitualmente como no violencia y que es central en el pensamiento gandhiano, resume la vocación de absoluto respeto hacia toda entidad viviente, ya sea humana o animal, pues la vida es considerada como Una y Sagrada. Expandido y enriquecido a través de la historia, equivale a un estado moral que inhibe todo acto que pueda perjudicar a cualquier criatura.
Mohandas Karamchand Gandhi (18691948) no sólo llevó los principios de la ahimsa a su mayor expresión dinámica sino que la expandió hacia la sathyagraha (sostenimiento de la verdad, el resistir la ignominia mediante recursos no violentos). Ambos términos aparecen en todo su activismo político-espiritual enfocado en la lucha contra el dominador británico de la India. Sus alocuciones, escritos y plegarias los convocan sin cesar, como parte de una visión tras formadora de la realidad individual y social. En sánscrito, sathya significa "verdad" y toda la existencia de Gandhi fue una batalla por la conquista de la verdad.
  Dijo Gandhi:...
                        Dejé que mis amigos dijeran que la verdad y la no violencia estaban fuera de lugar en la política o en las demás cuestiones temporales. Pero no comparto tal opinión. No utilizo esos métodos para asegurar mi salvación personal. Trato de recurrir a ese principio en todas las situaciones de mi vida cotidiana.
La no violencia no es una vestimenta que uno se pone y saca a voluntad. Su sede se encuentra en el corazón, y debe ser una parte inseparable de nuestro ser.
En nuestra condición actual -nos enseña la doctrina hindú- no somos más que mitad hombres. La parte inferior de nuestro ser todavía es animal. Sólo el dominio de nuestros instintos mediante el Amor puede sujetar a la bestia que existe en nosotros.
Si uno va a combatir el fetiche de la fuerza, será por medios totalmente distintos de los que están vigentes entre los puros adoradores de la fuerza bruta.
El fin que me propongo alcanzar, cueste lo que cueste, responde al término moksha, que es el desapego de todo vínculo terreno y la liberación del ciclo de las reencarnaciones. Se trata de la realización de uno mismo, con la visión de Dios cara a cara. Tiendo a este fin con todo mí ser, por medio de mi vida y de mis actos. Todo converge en ello: mis palabras, mis escritos y todos mis emprendimientos en el terreno político. Y bien, siempre estuve convencido de que lo que puede hacer uno de nosotros pueden hacerlo todos los demás. Por eso, en vez de actuar a escondidas, he emprendido mis experiencias a la vista de todo el mundo. Creo que eso no le quita nada a su valor espiritual. Es evidente que no se puede dar cuenta de ciertas cosas que sólo conocen uno mismo y su Creador.
   Buda y Cristo...
Creo en el mensaje de verdad que nos traen los fundadores de todas las religiones del mundo. Rezo sin cesar para no sentir jamás ningún resentimiento contra los que me calumnian y para que pueda morir con el nombre de Dios en los labios, aun cuando caiga víctima de un atentado. Que se me recuerde como un impostor, si en el último momento tengo alguna palabra de odio contra mi asesino.
Sin temor alguno, Buda emprendió la batalla contra sus enemigos y logró que capitulara una casta sacerdotal arrogante. Cristo echó del templo a los mercaderes y denostó a los hipócritas y fariseos. Aquellos dos grandes maestros eran partidarios de la acción directa y enérgica. Pero, simultáneamente, en cada uno de sus actos evidenciaron una bondad y un amor indiscutibles. No habrían alzado un solo dedo contra sus enemigos, prefiriendo mil veces morir antes que traicionar la verdad que vinieron a trasmitir. Buda habría muerto luchando contra los sacerdotes si la grandeza de su amor no se hubiera revelado igual que sus esfuerzos para reformarlos. Cristo murió en la cruz, coronado de espinas, desafiando al poder de todo un imperio. Si yo, a mi vez, opongo una resistencia de naturaleza no violenta, no hago más que seguir humildemente las huellas de esos grandes maestros.
AHIMSA…
                   Es no-violencia, no dañar de pensamiento, palabra o acción, con Gandhi, AHIMSA es la no violencia activa, es el activismo por la paz y desde la paz, así es también respeto a las culturas nativas, es amor a toda la naturaleza, es servicio a la madre tierra y al gran espíritu, es consecuencia en la acción y la palabra, es armonía interna y con el entorno, es no – pasividad, es soñar y concretar, es medicina y cosmovisión ancestral, es newen, ayün, kume raquisuam, es alegría, es conciencia, ES VIDA.
Manteniendo la llama viva del servicio planetario a la madre tierra… Recuerden que “somos seres que viajamos a lo sutil… pero aún tenemos una responsabilidad en este mundo encarnado…”


Historia de la Ahimsa
 Ahimsa (अहिंसा ahisā) es un término sánscrito que se refiere a un concepto religioso que aboga por la no-violencia y el respeto a la vida. Es lo contrario a la himsa o daño. Habitualmente se interpreta como símbolo de paz y respeto hacia los seres capaces de sentir. La Ahimsa es una importante doctrina del Hinduismo, Jainismo, y del Budismo. La primera aparición de este término en el contexto de la filosofía india se encuentra en las escrituras hindúes llamadas Upanishads, que datan del año 800 a.C.
 El Mahatma Gandhi introdujo el concepto de la Ahimsa en Occidente. Posteriormente, los movimientos occidentales en favor de los derechos civiles, liderados por Martin Luther King Jr. entre otros, se vieron influidos por este concepto, y realizaron protestas pacificistas que rechazaban la violencia. La reciente popularidad del yoga y la meditación en la cultura occidental ha ayudado a que muchos occidentales conozcan y se familiaricen con la Ahimsa y otros conceptos de la filosofía india. Por ejemplo, la Comunicación No-violenta, desarrollada por el Dr Marshall Rosenberg, se ha inspirado en el ejemplo de Gandhi.
 La mano con una rueda en la palma simboliza el voto jainista de la Ahimsa. La palabra escrita en el medio es “ahimsa”. La rueda representa el dharmacakra, que se enfrenta al ciclo de la reencarnación a través de la búsqueda de la paz y la no-violencia.
El Mahatma Gandhi presentó diversos conceptos sobre la verdad, la nobleza, y la ética, desde el Bhagavad Gita y su amor personal al Dios hindú Rāma. La ideología de Gandhi sobre la vida y la no violencia, que le condujo a su concepto de satyagraha, o protesta pacífica, proviene originariamente de su asociación con la Filosofía Hindú y la Filosofía Jainista.

 Él mismo dice:
 “La no-violencia es la mayor fuerza a disposición de la humanidad. Es más efectiva que el arma de destrucción más efectiva que haya ingeniado el hombre.
Literalmente ahimsa significa no-violencia hacia la vida, pero tiene un significado mucho más amplio. Significa también que uno no puede ofender a otra persona, debiendo compadecerse del otro, incluso si se trata de un enemigo. Para aquellos que siguen esta doctrina, no hay enemigos. Quien cree en la eficacia de esta doctrina halla el último estado, cuando se alcanza la meta, viendo el mundo a sus pies. Si expresamos nuestro amor—ahimsa— de tal modo que marque para siempre a nuestro enemigo, dicho enemigo nos devolverá ese amor.
 Ahimsa o el no-daño, por supuesto, implica no matar. Pero el no-daño no se refiere únicamente a no matar, sino que ahimsa implica una abstinencia absoluta de causar cualquier dolor físico o emocinal a cualquier ser vivo, bien sea por pensamiento, palabra u obra. El no-daño requiere una mente, una boca, y unas manos pacíficas.
Mario López en la  Enciclopedia de Paz y Conflictos dice que el término ahimsa es procedente del Sánscrito que acabó siendo internacionalmente conocido gracias a Mohandas Gandhi, tanto porque formó parte de su filosofía política, como de sus campañas no violentas.  Ahimsa se ha venido traduciendo a las lenguas indoeuropeas con el significado de ‘no-violencia’, siendo su raíz la palabra ‘himsa’ que, asimismo, se traduce como ‘violencia’. En realidad, esta traducción no llega a revelar del todo el profundo significado que tiene la ahimsa en lenguaje sánscrito, para éste el concepto implica no sólo a la acción, sino a la palabra, al deseo y al pensamiento, es decir, a todos y cada uno de los aspectos de la vida humana.

 Desde el punto de vista etimológico la palabra ahimsa deriva de la raíz sáncrita hims- que significa ‘perjudicar’, ‘dañar’, ‘herir’, ‘matar’, con el añadido del prefijo a que le da un valor privativo vendría a significar –como ya hemos dicho- ‘no perjudicar’, ‘no dañar’, ‘no matar’, etc. Sin embargo, esta sería una interpretación demasiado restringida y, además, tomada en un sentido negativo. Ya en el Isvaragita o Poema del Señor, uno de los textos sagrados más apreciados del hinduismo, la ahimsa es una de las virtudes morales más exaltadas que es interpretada como una incapacidad -o total ausencia- del deseo de dañar, odiar, hacer el mal, o matar a cualquier ser viviente. Algunos autores incluso piensan que debería traducirse por el término ‘inocencia’ o ‘pureza’ porque ambas reflejarían la verdadera profundidad transformadora y expresiva de mente y corazón que significa la ahimsa.
 Ahimsa es, también, un mandato ético que se encuentra en religiones como el Jainismo, el Budismo y el Hinduísmo. Sin embargo, no para todas tiene este mandamiento o precepto la misma importancia. Para el Jainismo, la ahimsa es el primero y más importante de sus cinco votos (1.No herir ni matar a ningún ser viviente; 2. Sinceridad; 3. Rectitud; 4. Vivir con castidad; y, 5. Desapego de las cosas), es el principio central de todo su sistema ético. Para los seguidores del Jainismo, la ahimsa significa no causar de manera absoluta ningún tipo de daño o sufrimiento a cualquier forma de vida (tanto humanas, como no humanas). Ello incluye, no sólo renunciar a causar daño o sufrimiento físico, sino también de otro tipo, como psíquico, moral, verbal. Pero, además, ahimsa implica una búsqueda -fundamentalmente personal- de la pureza, de la auto-perfección y de la autorrealización. En este sentido, el concepto de ahimsa se amplia con fuertes componentes espirituales (alma humana y proyección religiosa) y antropológicos (concepción del ser humano y de lo humano). Al igual que para Mahavira, el gran héroe de esta religión del s. VI a.C., también llamado Jina (vencedor), -fundador de esta religión y modelo absoluto de vida y moral ascética, que renunció a cualquier deseo o instinto de los sentidos y que consiguió el máximo autocontrol a través de la superación de sí mismo-, la ahimsa se convierte en el camino o el instrumento para superar el ciclo de la reencarnación (samsara) y alcanzar –mediante una búsqueda progresiva y permanente-, el estado final de ‘iluminación’ y ‘conocimiento total’ (moksha), esto es, la completa y definitiva liberación del círculo de la eterna reencarnación, es decir, acabar deviniendo estado espiritual puro. Así, la ahimsa, se puede interpretar como una vía ideal de perfección espiritual y humana en la que, lógicamente, en esta aventura no cabe sino el respeto y el amor por todo lo viviente.

 Para los budistas, con Asoka (s. III a. C.), rey convertido al budismo y a la paz, ahimsa se convierte en dharma, es decir, en norma sagrada o ley permanente cuya observancia hace a quienes lo practican más virtuosos y justos. Sin embargo, ahimsa es algo menos importante para el budismo, sólo es parte del cuarto principio (el que hace referencia al camino que conduce a la cesación del daño) de los Ocho Caminos hacia la Nobleza y la conducta correcta. No obstante, para el Budismo, ahimsa no sólo significa no causar daño y actuar con cuidado; sino que, además, involucra la actitud de la compasión hacia el sufrimiento de todos los seres vivos.
Asimismo y en relación con las otras dos religiones, ahimsa también es un concepto importante en el hinduismo, tanto por la íntima relación de éste con aquéllas, como por su propia tradición ética e histórica. Tanto es así que Gandhi calificó al ahimsa como ‘la clave del hinduismo’. Por ejemplo, encontramos en un texto como el Yogasùtra una definición de ahimsa como: la ‘abstención de ofensa en todas sus formas, en todos los tiempos y hacia todos los seres’. Sin embargo, para entender lo positivo de estas abstenciones –y desde un punto de vista sólo funcional para comprenderlo mejor-, podríamos decir que la ahimsa, vista como compendio de todas las virtudes, es comparable al valor que tiene el Amor en el cristianismo, que es la pieza clave para comprender su mensaje. Sin embargo, en el hinduismo, esta norma moral (la ahimsa) no es absoluta como lo era en el jainismo. La observancia del ahimsa tiene sus límites en los deberes marcados por el svadharma, es decir, por el cumplimiento de los deberes del propio estado, condición que es determinada por la propia posición social o por el estadio de la vida en que cada ser se encuentre. El ejemplo más usado es el del campesino que, en su labor de arar la tierra, sin más remedio tendrá que herir o matar insectos y otros animales, rompiendo involuntariamente el precepto del ahimsa. ¿Pero, y el que pertenezca a la casta de los guerreros, cómo puede respetar el ahimsa? Precisamente, otro texto sagrado, el Bhagavad-Gita (comparable en importancia a los Evangelios en el cristianismo), cuenta el dilema moral en el que se halla el guerrero Arjuna que, estando en el campo de batalla y teniendo con él la justicia prefiere ser muerto que matar. Sin embargo, un enviado de Dios le recuerda el deber del guerrero, esto es, combatir. ¿Cómo debe expresarse, entonces, el ahimsa para el deber de un guerrero? La respuesta es: abstenerse de la violencia inútil, innecesaria, descontrolada, desmedida. El guerrero debe combatir en el campo de la acción moral, del deber, de la justicia y debe ser movido por ellas, no por la sed de venganza, de causar más daño del necesario para restablecer la entera justicia. Debe exponer su vida en ello y hasta perderla si fuese necesario pero, también debe saber, que no debe dañar o matar si ello es posible o, en su caso, matar lo menos posible para restablecer el orden moral. Todo lo que se haga en exceso está rompiendo el deber de ajustarse –dentro del orden de castas y funciones asignadas a cada una- al ahimsa.
 Finalmente, también para el hinduismo, como para las otras dos religiones anteriormente mencionadas, en el ahimsa está reflejado el valor y el mensaje espiritual del sacrificio que forma parte del pensamiento y la tradición hindúes. Primero está el sacrificio interior (y esto vale para campesinos, guerreros, sacerdotes y comerciantes) que fortalece todos los aspectos del alma y del cuerpo, que prepara para la acción o para la abstención, que educa y capacita para vivir de acuerdo a las reglas naturales. Luego está la otra gran idea de sacrificio: la cosmología que está toda permeada por la idea de que a través del sacrificio el mundo se genera y regenera continuamente; la misma manifestación del universo es un sacrificio lacerante y doloroso porque comporta un tránsito del Uno (la unidad es siempre el ideal supremo en India) a lo múltiple. A su vez, la recomposición de la unidad puede tener lugar solamente a través del sacrificio y, el primer sacrificio de todos es el de uno mismo, porque sólo renunciando al propio yo es posible reconstruir la unidad.
Conocido todo esto, el ahimsa adquiere en el universo de Gandhi una gran importancia gracias a la investigación y la interpretación ético-política que él hace de aquélla. Para Gandhi ahimsa era mucho más que el concepto negativo de no causar daño o sufrimiento. A su juicio, ahimsa debía ser interpretado en positivo y con todas sus potencialidades, tanto es así que lo identificó con el amor. Para Gandhi amar era el ‘estado activo de ahimsa’, llegando a llamar incluso a ésta como la ‘ley del amor’. En tal sentido se podría decir que Gandhi consideraría este concepto (amor) con similares significados a los que caridad tiene para los cristianos (el amor no es sólo intención moral sino también y sobre todo acciones hacia el prójimo) y ágape en lengua griega (compartir).
 Asimismo, en el universo normativo y político de Gandhi, ahimsa es clave para comprender en toda su extensión la acción de la noviolencia y, con ella, otros conceptos asociados a ésta (entre ellos satyagraha, sarvodaya, swadeshi y swaraj). Asimismo, en este sentido ahimsa, como forma de amor y compasión hacia las demás criaturas implica reducir, hasta los límites posibles y en ciertas circunstancias, el sufrimiento innecesario y gratuito de los animales, llegando incluso a sacrificarlos para evitar su angustia. Finalmente, con la profunda interpretación que hace Gandhi de la ahimsa se llega a comprender mucho mejor la complejidad en la que se expresa la violencia. Para él, la violencia física tendía a ocultar otros tipos más tenues y sutiles de expresión de aquélla, la ‘violencia pasiva’, es decir, el necesario combustible (tal como: las palabras y los juicios ásperos, las voluntades perversas dominadas por la ira, el rencor o el resentimiento, la avidez y la codicia, así como la crueldad y la inhumanidad) para alimentar aquélla. Por ello, para él, la ahimsa debía trabajar en la prevención y la conversión de la violencia pasiva en buenos pensamientos y acciones que evitarían, finalmente, las expresiones de la violencia física.

Ahimsa, derechos de los animales y espiritualidad por Claudette Vaughan  de Toronto Vegetarian Association (TVA)
 El Ahimsa o “compasión dinámica” es un principio de no agresión y no violencia. El comportamiento humano que viola este principio ético es considerado moralmente incorrecto y, desde un punto de vista más tradicional, como karma negativo que se vuelve en contra del causante de la violencia y daño infligidos.
Es posible que su mayor defensor en el siglo XX fuera Mahatma Gandhi, que estuvo profundamente influenciado por la doctrina jainista del Ahimsa; doctrina que más tarde propagara él mismo. El primer padre espiritual jainista vivió durante el período de 599 a 527 a.C. éste ordenó a sus seguidores: “considerad a cada ser vivo como a vosotros mismos y no hiráis a nadie”. Gandhi reconoció este precepto como fundamental para la ética humana, lo que le llevó a adoptar una vida de no violencia. El Ahimsa establece que no tenemos ningún derecho a causar sufrimiento o muerte a ningún ser vivo y asegura que si nuestras vidas se rigieran por el principio de no violencia, se crearía más armonía en el mundo que con cualquier otra disciplina.

 FUENTE:
http://caravanaahimsaporlatierra.wordpress.com/acerca-de-ahimsa/
DÍAZ, Carlos (1997), Manual de Historia de las religiones. Bilbao, Descleé de Brouwer.
GANDHI, M.K. (1991), Autobiografía. La historia de mis experimentos con la verdad. Barcelona, Ed. Aura.
GANDHI, M.K. (1979) Todos los hombres son hermanos. México, Ediciones Sígueme.
KRAFT, Kenneth, ed., (1992), Inner Peace, World Peace. Essays on Buddhism and Nonviolence. New York, State University of New York Press.
PONTARA, Giuliano (1996), Introducción a M.K. GANDHI, Teoria e pratica della non-violenza. Torino, Einaudi.
http://www.wizard.net/~ethan/Source-Of-Peace.htm (sobre la ahimsa en las diversas religiones)



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